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Consecuencias nefastas

Los economistas coinciden en definir la deflación como una «caída continuada y generalizada de precios». Alguno incluso se atreve a concretar más. Eugenio Recio, profesor emérito de Esade, explicó a ABC que se podría entender que son necesarios dos trimestres consecutivos de caídas de precios para hablar de deflación, al igual que son necesarios dos trimestres consecutivos de caídas del PIB para entrar en recesión.

Con esta definición en la mano, los expertos consultados coinciden en que el dato del mes de marzo no supone que España haya entrado en recesión, y tampoco se atreven a augurar que vaya a hacerlo en el futuro, pero, eso sí el riesgo es mayor. En lo que sí hay una coincidencia es en que la deflación sería nefasta para la economía española.

Círculo vicioso

Juan Iranzo, director del Instituto de Estudios Económicos, explicó a ABC que una deflación se produce porque los ciudadanos esperan que los precios sigan bajando por lo que aplazan sus decisiones de compra. Esto provoca un ajuste de los precios para poder vender, con lo que la empresa, o ajusta márgenes y salarios, o tiene que cerrar. No obstante, Iranzo cree que el dato negativo de inflación del mes de marzo se debe, en buena parte, al efecto escalón del petróleo, por lo que confía en que no lleguemos a una deflación.

Para María Jesús Valdemoros, directora del Departamento de Economía del Círculo de Empresarios, con el dato del IPC adelantado del mes de marzo (-0,1%), aún no puede afirmarse que la economía española esté en deflación. Habría qué esperar a ver qué ocurre en los próximos meses. A su juicio, este crecimiento negativo de los precios podría venir explicado por la fuerte dependencia energética de nuestra economía y la bajada del petróleo además del frenazo de la demanda, aunque habrá que esperar a conocer los datos de la inflación subyacente. Valdemoro advierte que las consecuencias pueden ser nefastas si finalmente se confirma la deflación, porque, por un lado, aumentan los tipos de interés reales y, por lo tanto, se incrementa el coste de endeudarse y de invertir y, por otro, ante la expectiva de que bajen los precios se reduce el gasto, lo cual tiende a agravar el problema de la deflación (se convierte en un círculo vicioso).

Eugenio Recio, profesor emérito de Esade, cree que el riesgo de inflación es ahora más evidente que hace unos meses y advierte que en España no tenemos experiencia de una situación similar, ya que cuando teníamos la política monetaria en nuestras manos, cualquier riesgo de deflación podía evitarse con una devaluación de la moneda.

Recio coincide con el resto de expertos consultados en que las consecuencias de una deflación, en caso de que llegue a producirse, pueden ser muy graves. Explica que la deflación supone una caída de ingresos para las empresas, que se traduciría en principio en una reducción de la producción y quizás en el cierre de la compañía, lo que a su vez aceleraría el actual proceso de destrucción de empleo, y ese es el gran riesgo.

Lo que hay que hacer en estas circunstancias, apunta el profesor, es estimular la demanda aumentando los recursos disponibles de los ciudadanos. Bajar impuestos y facilitar el cobro de la prestación de paro a los autónomos, son algunas de sus recetas.

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