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Perejil, siete años después: incomprensible

¿De verdad alguien puede plantearse en serio que los acontecimientos acaecidos en julio de 2002 en el islote de Perejil no fueron absolutamente necesarios?

Si para valorar la crisis económica basta con preguntar al director de la sucursal bancaria y para consultar respecto a la crisis social sobra con hablar con cualquier policía, para medir qué pudo suponer Perejil de no actuar como se actuó es suficiente recordar aquello con cualquier militar implicado en la misión, con un guardia civil desplegado en Ceuta y Melilla, o con uno de aquellos agentes de Inteligencia que trabajaron antes y, sobre todo, después del operativo. Cualquiera de ellos podrá explicar la tensión, la gravedad y las consecuencias de no haber hecho nada.

¿A qué viene ahora el recordatorio? Si hubo alguna duda al respecto por aquel entonces, el tiempo, muy poco tiempo, por cierto, se encargó de dar la razón a la intervención y a cómo se llevó a cabo. ¿Por qué ahora? No se entiende.

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