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La caja de Espe y la operación «higo chumbo» de Pepiño

El secretario de organización del PSOE, José Blanco, espera que Caja Madrid caiga en sus manos como fruta madura. El asalto a la poltrona de la cuarta entidad financiera del país se hierve a fuego lento en esa cocina del infierno alicatada hasta los techos para achicharrar a Esperanza Aguirre y sus muchachos. Pero los planes se pueden chafar porque el gobernador del Banco de España está decidido a nombrar una gestora en la caja si la Comunidad de Madrid cumple su amenaza de inhabilitar a Miguel Blesa

A más de un dirigente socialista de Ferraz se le hace la boca agua cada día que Esperanza Aguirre y Miguel Blesa se tiran los trastos a la cabeza en ese melodrama de enredos que se representa en sesiones de mañana, tarde y noche dentro del incomparable escenario de Caja Madrid. La vieja aspiración de José Blanco, más Pepiño que nunca, por hacerse con los mandos de la entidad regional de crédito ha dejado de ser un sueño imposible, toda vez que el Partido Popular se ha declarado insolvente para resolver su enconada disputa sobre galgos y podencos. El PSOE ha consolidado una coalición de izquierdas en el seno de la cuarta institución financiera del país y se ha sentado a la puerta convencido de que pronto verá pasar el cadáver de su enemigo.

La astracanada de Caja Madrid es el primer reflejo de una lucha intestina abierta dentro del PP para derrocar a Rajoy antes incluso de las elecciones de junio al Parlamento Europeo. Los conjurados contra Génova han inoculado ese virus carpetovetónico que tiende a confundir la realidad con el deseo y piensan que el diletante de Mariano entregará la cuchara y se irá a registrar haciendas a Pontevedra a poco que sus candidatos se la peguen ahora en el País Vasco y Galicia.

La política de tierra quemada se ha propagado sin ningún tipo de cortafuegos a partir de dos categorías de pirómanos, los que cuestionan por convicción el liderazgo de su presidente y los que se apuntan a descalificarlo para salvaguardar intereses bastardos. Esta mezcla explosiva ha detonado como un barril de pólvora en Caja Madrid después de que Miguel Blesa y su afán por amarrarse al sillón encendiese la mecha de orgullo mancillado que impregna desde antaño en el viejo caserón de la Puerta del Sol. Probablemente, Esperanza Aguirre no pensaba laminar al presidente de Caja Madrid; quizá sólo pretendía atarle en corto como ocurre con el resto de las entidades confederadas, excepción hecha de la Caixa de Isidro Fainé. Sea como fuere, al PSOE se las han puesto como a Fernando VII y Pepiño Blanco ha decidido que es preferible aguardar la caída del higo chumbo, rechazando una tras otra las ofertas cursadas desde diferentes instancias del PP para asegurar la gobernabilidad del gran apéndice financiero de la región.

Primero fue el vicepresidente de la Comunidad, Ignacio González, quien hizo llegar al secretario de organización socialista un acuerdo de renovación en los órganos de dirección de Caja Madrid. Después sería su homóloga en el Partido Popular, María Dolores de Cospedal, la que accedió a mostrar su más distinguida consideración a José Blanco en un intento de poner sordina a la crisis de la entidad de crédito. En ambos casos, el pacto se articulaba mediante un gobierno de coalición en Caja Madrid que aseguraba un reparto de funciones dejando la presidencia en manos del PP y la vicepresidencia bajo control del PSOE, cediendo incluso si era menester la representación institucional del nuevo holding industrial Cibeles a los socialistas madrileños de Tomás Gómez.

Blanco comprobó que sus interlocutores se manejaban cada uno por su lado y entendió que los dos estaban igual de desesperados. El número dos socialista aplicó entonces la máxima de al enemigo ni agua y se cerró en banda en la confianza de que Aguirre y Blesa sigan tirando de la cuerda hasta que se ahoguen con la misma soga. El toma y daca se ha precipitado por la vía jurídica y todo hace indicar que la Comunidad de Madrid se verá obligada a cumplir su amenaza de inhabilitar al presidente de la entidad financiera. Eso es lo que el PSOE espera que ocurra con el fin de evidenciar la incapacidad del gobierno regional como tutor de Caja Madrid, lo que daría pábulo a un presidente nuevo, afín y de consenso para cuya candidatura se postula el nombre de Javier Gómez Navarro, ex ministro con Felipe Gónzalez y ahora al frente del Consejo Superior de Cámaras de Comercio.

La operación "fruta madura" de Pepiño se hierve a fuego lento en esa cocina del infierno alicatada hasta los techos para achicharrar la reputación política de Espe y sus muchachos. Del escándalo Mortadelo y Filemón que diría Rubalcaba se ha pasado sin solución de continuidad a la cacería del ministro Bermejo y de Garzón superstar contra las corruptelas urbanísticas en la zona norte del Madrid adinerado. El puzzle es diabólico pero sólo puede completarse con la poltrona de Blesa porque la caja de ahorros es el brazo financiero que mueve a todo gobierno regional. Blanco y sus colaboradores han empezado a adorar al santo desde la peana en una escalada que puede frustrarse si el Banco de España se decide a nombrar una comisión gestora que ponga fin a las hostilidades en Caja Madrid. Mafo está pensando muy seriamente tomar cartas en el asunto para demostrar que el regulador también tiene algo que decir en todo este entramado pernicioso de intereses que acechan al sistema financiero. Sería, sin duda, un grave contratiempo porque esta vez un garbanzo sí que puede estropear todo el cocido.

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