Zapatero y Rajoy ponen el broche a una campaña anómala que protagonizó un juez
El juez Baltasar Garzón abrió fuego en el arranque de la campaña electoral vasca y gallega ordenando la suspensión de actividades de las listas proetarras de «Demokrazia Hiru Milloi» (Democracia Tres Millones-D3M) y Askatasuna, lo que suponía un golpe expeditivo sobre la mesa y al amparo de las normas del Estado de Derecho para impedir que el entorno abertzale marcase la «hoja de ruta» de la cita con las urnas.
Pero el protagonismo del personaje estrella de las elecciones no se detuvo, ni mucho menos, ahí. El viernes 6 de febrero abría la espita de una bomba que estallaría ese mismo fin de semana: nada más destapar una presunta trama decorrupción y de soborno de empresarios como Francisco Correa a personas afines o simpatizantes del PP, el mismo titular del Juzgado Central de Instrucción número 5 de la Audiencia Nacional se iba de cacería con el entonces ministro de Justicia , Mariano Fernández Bermejo. Este evento compartido fue el rifirrafe central de toda la campaña, con una cruzada de acusaciones entre PP y PSOE que acabó por provocar la dimisión del titular de Justicia y su sustitución por un hombre de confianza de la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega, Francisco Caamaño.
Con el ex ministro descabalgado, el otro hombre presente en la foto de la cacería de Jaén siguió su trabajo, y el principal partido de la oposición se reafirmó en que el trabajo del magistrado traspasaba los límites de su competencia y le interpuso una querella criminal ante el Tribunal Supremo para que se inhiba de la causa, en la que implicaba a cargos populares de la Comunidad de Madrid y la Generalitat Valenciana.
Garzón volvió a devolver la pelota hace sólo 48 horas y una hora después de que el PP interpusiese su querella, al vincular directamente a aforados nacionales del partido, y desempolvar nuevas especulaciones alo no citar nombres. Se apuntó a un senador y un eurodiputado, sin argumentar las acusaciones, así que el presidente del PP, Mariano Rajoy, desprestigió al juez tachándolo de «imparcial» por ser «socialista» y su rival político, José Luis Rodríguez Zapatero, considerar «inaceptable» que un partido ponga en entredicho la independencia judicial.
En medio de todo ello, la dimisión de Bermejo , la huelga de jueces , las denuncias de despilfarro de la Xunta y la reveladora foto de Anxo Quintana a bordo de un yate propiedad de un empresario beneficiado por el Gobierno gallego han jalonado una campaña anómala en la que el PP se ha volcado en Galicia y el PSOE en el País Vasco. El último golpe judicial, de los que ningún partido se ha visto libre, se ha producido hoy mismo, con la detención de un alcalde socialista por presunta prevaricación , acompañado de un séquito de doce arquitectos y promotores inmobiliarios malagueños y onubenses.
Y además, Lazcano. Emilio Gutiérrez , un hombre a quien el intento de ETA por irrumpir en campaña arrebató su casa y llevó al desahogo violento agrediendo una «herriko taberna», puso rostro a una realidad que, se presenten o no en candidaturas, siempre está presente en el País Vasco y sus hitos democráticos. Emilio ha tenido que abadonar Guipúzcoa, mientras los proetarras lo han puesto en la diana por su acción.
En un comunicado, anoche ETA quiso tener su especial fin de campaña arremetiendo contra los partidos vascos, especialmente contra el PNV y el PSE porque, según sostienen los terroristas, han pactado un nuevo estatuto. Mientras, los dirigentes de D3M invitan a introducir en la urna una papeleta del partido ilegal condenada a la anulación y que servirá, únicamente, para lo que ellos llaman rebelarse ante «la traición histórica a un pueblo» que sería la redacción de ese nuevo marco estatutario.
Rajoy se ha exprimido en Galicia y Zapatero acude al rescate de Touriño
Mariano Rajoy culmina hoy 7.000 kilómetros , 41 pequeñas localidades gallegas y una ajetreadísima agenda en Galicia. Quieren arañar el escaño 38 que el voto emigrante arrebató a su partido en julio de 2005, cuando 7.000 votos decantaron la balanza a favor de un PSOE que negoció con los nacionalistas del Bloque (BNG) el primer tándem gobernante en el Palacio de San Caetano. Por este motivo, sólo dos días ha ido al País Vasco, -donde las opciones de Antonio Basagoiti parecen remotas y por ello han pasado a un segundo plano-, un día completo en Madrid y el resto los ha pasado en su tierra natal.
Según varios dirigentes del PP de Alberto Núñez Feijóo, las últimas encuestas electorales que maneja el partido apuntan a que rozarían la mayoría absoluta que necesitan para evitar la renovación del pacto Touriño-Quintana. La trascendencia de la conquista de Galicia es innegable en el PP: supondría atajar las trifulcas internas por el caso de los espías y con la «Operación Gürtel» todavía por dirimirse, y escanearía a los electores de cara a las europeas de junio y a las opciones de Rajoy a las siguientes generales.
A excepción de hoy, cuando Zapatero echará el cerrojazo a la campaña en Galicia , el PSOE confía en que Patxi López sea el revulsivo a la historia del País Vasco , adelantando por la izquierda a un PNV cuyo líder, Juan José Ibarretxe, se ha centrado más en justificar sus muchos años de lendakari que en explicar las mejoras que imprimiría en las tres provincias vascas.
El domingo, la ciudadanía dirá su última palabra y si las operaciones policiales, los sobornos y corrupciones urbanísticas, el desbarajuste de la Justicia y el empeño personal de los líderes de los partidos han calado en la orientación de su voto.
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