Notas sobre un escándalo
1. La ignominiosa cacería de Garzón con Bermejo y una fiscal parece causa justificada de recusación del magistrado. No sólo por su impúdico compadreo y su falta de sensibilidad en medio de una instrucción crítica, sino porque contamina moralmente el sumario y puede ofrecer a los imputados un resquicio para la escapatoria. Si los hechos son tan graves como la parafernalia del caso aparenta, merecen un juez más atento y respetuoso con las formas que rigen el Estado de Derecho. Amén de que por lo general, las apariencias no engañan; los americanos dicen que si algo anda como un pato, tiene pico de pato y plumas de pato, suele tratarse de un pato. Y esa cacería tiene pinta de ser, en efecto, una cacería. De caza mayor.
2. El PP no debe perder la perspectiva con un enroque de autodefensa acrítica; sería una lástima que la indudable polución política del caso nublase la oportunidad de una limpieza interna. La corrupción de algunos elementos de una gran organización resulta inevitable, pero lo importante es el modo en que esa organización reacciona. Aunque el cierre de filas obedezca a la necesidad de mantener la cohesión y aunque la evidencia de una maniobra torticera requiera una contraofensiva, lo que está en juego es la capacidad de autodepuración de una fuerza que aspira a volver a ganar la confianza de la gente. Los ciudadanos necesitan una alternativa de poder sin fisuras, capaz de sobreponerse a cualquier atisbo de connivencia con la sospecha, refractaria a la impresión de que ampara, empequeñece, justifica o disculpa conductas deshonestas. Es hora de puñetazos en la mesa, hacia fuera pero también hacia adentro.
3. Sin intención alguna de minimizar los hechos, de lo hasta ahora sabido continúa sin desprenderse el motivo que demanda la intervención de la Audiencia Nacional. Casos de corrupción hay, por desgracia, a centenares en el territorio español, sin que traspasen la jurisdicción ordinaria. La Operación Malaya, con enormes repercusiones económicas y ramificaciones geográficas en varias regiones, fue dirigida por un juzgado de Marbella. Si este asunto tiene otro trasfondo, debe saberse. Hasta ahora la instrucción, agujereada de filtraciones, roza la indefensión: los imputados se enteraron por la página web de un periódico.
4. Casos como el de Ciempozuelos o el recién conocido de Almería -con un vídeo literalmente sobrecogedor- muestran un doble rasero de la justicia y de la opinión pública ante los episodios de corrupción. La diferencia de repercusión entre Boadilla y Ohanes podría entenderse en función de la cercanía con Madrid, pero eso no sirve para explicar el contraste de diligencia y celo de la Fiscalía.
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