El Papa pide defender «la suprema dignidad de toda vida humana»
Benedicto XVI manifestó ayer que «hay que reafirmar vigorosamente la absoluta y suprema dignidad de toda vida humana». El Papa añadió que «la enseñanza de la Iglesia no cambia: la vida humana es bella y se debe vivir con plenitud, incluso cuando es débil y está envuelta en el misterio del sufrimiento».
El mensaje del Santo Padre para la Jornada Mundial del Enfermo, que se celebra cada año el 11 de febrero, fiesta de la Virgen de Lourdes, resonó ayer de modo especial en Italia, donde los ciudadanos, los medios de comunicación e incluso el Estado debaten intensamente el caso de Eluana Englaro, una mujer en coma destinada legalmente a la muerte por deshidratación.
Recuerdo a Eluana
El cardenal Javier Lozano Barragán, responsable vaticano de la pastoral sanitaria, reiteró que «en Eluana hay una vida con toda la dignidad de la persona humana», y por eso la sentencia que autoriza su muerte «crea un precedente de eutanasia muy destructivo para la sociedad italiana».
El Papa recordó que su predecesor, Juan Pablo II, «ofreció al mundo, especialmente en el ocaso de su vida, un ejemplo luminoso de la aceptación paciente del sufrimiento». El sufrimiento, físico o psicológico, es motivo frecuente de la catequesis de Benedicto XVI, quien el pasado domingo denunció la eutanasia como «una falsa solución al problema del sufrimiento, una solución que no es digna de la persona humana». El Papa añadió que «la verdadera respuesta no puede ser dar la muerte, aunque sea «dulce», sino prodigar el amor que ayuda a afrontar el dolor y la agonía de modo humano».
En su mensaje de ayer, centrado sobre todo en los niños, Benedicto XVI recordó que «el niño enfermo pertenece a una familia que participa de su sufrimiento, frecuentemente con graves trastornos y dificultades».
Reconociendo el hecho de que todo enfermo supone, además de un dolor, un peso objetivo para la familia, el Papa invitó a las comunidades cristianas a ayudar a las familias con enfermos. Al mismo tiempo, dirigió también «un sentido llamamiento a los responsables de las naciones para que refuercen las leyes y procedimientos a favor de los niños enfermos y de sus familias».
En otro orden más práctico, el Santo Padre reiteró la conveniencia de que haya colaboración entre las instituciones sanitarias y las comunidades eclesiales que con frecuencia realizan una valiosa labor de apoyo espiritual, de consuelo y de ayuda a los enfermos y a sus familias.
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