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Michelito, el niño torero, entra en el libro Guinness: «No pasé ningún miedo»

GUILLERMO LEALMÉXICO D.F. «Estoy un poco cansado, tenía mucha hambre, fui a comer una pizza de champiñones y queso y creo que ya me voy a dormir», fueron las primeras palabras del único niño torero en

EFE Michelito se gusta en media verónica con uno de los seis becerros

GUILLERMO LEAL

MÉXICO D.F. «Estoy un poco cansado, tenía mucha hambre, fui a comer una pizza de champiñones y queso y creo que ya me voy a dormir», fueron las primeras palabras del único niño torero en el mundo que ha matado diez erales en solitario, seis de ellos el pasado sábado en Mérida (México) en un festejo que a punto estuvo de suspenderse.

La historia comienza cuando los representantes de Derechos Humanos consideraron que un niño de 11 años no debía ser expuesto a sufrir percances naturales de los profesionales del toreo; sin embargo, su padre, el matador francés Michel Lagravere, y su madre, la empresaria Diana Peniche, pelearon a fondo para demostrar que Michelito, el niño prodigio franco-mexicano, llevaba ya siete años enfrentándose a becerros en los que entregaba su niñez madura.

Una juez concedió el permiso para que el niño torero cumpliera su primera encerrona en México; la anterior fue en Perú, donde actuó ante cuatro astados. «Ésta fue mi primera encerrona de seis erales, y me sentí muy contento; yo tenía fe en que sí se daría, lo he hecho con mucho gusto y, al contrario de todos los toreros, no me dio miedo. Más miedo me daba que no me dejaran torear», aseguró el niño, que dio su primer capotazo con cuatro años y mató su primer becerro con nueve.

Por la puerta grande

La encerrona en la plaza de Mérida registró 3.852 espectadores, lo que corresponde a tres cuartos de entrada. «Yo creo que por la mala publicidad, que decía que se suspendía, no se llenó», dijo Michelito. El becerrista rompió así el récord Guinness al estoquear seis erales, cortar dos orejas y salir por la puerta grande de la plaza azteca. Michel Lagravere lidió becerros, con un promedio de 210 kilos, de distintas ganaderías.

¿Cuál fue la mejor faena? «La del cuarto becerro, que resultó muy bueno y tuvo clase; estuve muy a gusto y toreé a cámara lenta. Con el de Huichapán, que fue muy bravo pero se lastimó, sentí el apoyo del público, y con los demás lo mejor que hice fue entregarme», señaló el niño torero. También confesó a ABC sus otras aficiones: «Tocar la guitarra, me gusta el rock y siempre estoy pensando en tomar la alternativa a los doce años, lo que sería para mí un sueño».

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