Qué pena de país
La ministra Aido debe sentirse satisfecha de su gestión: dentro del desastre del empleo de 2008, la destrucción de puestos de trabajo afectó el doble a las mujeres que a los hombres. No está mal para esta «miembra» del Gobierno que estrenó Ministerio a mayor gloria de la propaganda progre de su jefe de filas. Todo el glamour empleado en el empeño deja la iniciativa de Zapatero en un esperpento de pasarela y permite adivinar en su gestión un abandono total de funciones en beneficio de la propaganda más burda y perniciosa para los intereses de todos los españoles.
Asistimos estupefactos al hundimiento sistemático de un país próspero hasta hace poco, mientras el Gobierno deambula sin rumbo, suplicando un imposible a los empresarios a los que ha abandonado a su suerte.
José Luis Carreras Barbero
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