Por qué pierde siempre la derecha
LO siento por los niños autonómicos, pero, en España, los Reyes Magos no son los padres; los Reyes Magos son Zapatero.
Como en los cuentos en los que para curar el mal de la triste princesa había que caminar muchas leguas y desatar el pelo de la barba de un hechicero que impedía desarrollar una flor, los jefes tribales de la península han viajado a Madrid de tapadillo con la idea de sorprender en su covacha al brumoso Solbes, que juega al hebreo de corva nariz que manipula sus maleficios sobre los dineros provincianos. Pero Solbes es un Polifemo, y si Zapatero quiere cumplir lo que a escondidas ha prometido a los jefes tribales tendrá que colocar en Hacienda a Tedy Bautista.
Millones y oscuridad. Ésa no era la teoría de la Revolución francesa.
La teoría de la Revolución francesa, ingeniosamente resumida por Chesterton, presuponía dos cosas en el gobierno: la idea de la pobreza honorable (Robespierre y Marat fueron admirados porque, pudiendo ser ricos, fueron pobres) y la idea de la extrema publicidad (luz y taquígrafos). En esto, el plan republicano original establecía que los monarcas tenían que vivir en casas de cristal a las que la muchedumbre pudiera arrojar piedras. O zapatos, claro.
-Pero, hoy, incluso cuando la prensa es libre de criticar, sólo se dedica a adular. La tiranía del siglo XVIII significaba que se podía decir: «El r... de Br...rd es un libertino». La libertad del siglo XX significa realmente que se nos permite decir: «El rey de Brentford es un modélico padre de familia.»
Frente a la pobreza clara del republicanismo revolucionario, la riqueza color Obama del republicanismo zapateril, que en la pobreza sólo ve un obstáculo para la liberalidad. Si Zapatero fuera pobre, no podría dar a Montilla y a Chaves lo que piden, y piden como alemanes cantando.
-Nuestros políticos son arribistas por pedigrí: manejan la vulgaridad como un escudo de armas. En el caso de muchos estadistas modernos, decir que han nacido con un pan debajo del brazo es a la vez inadecuado y excesivo. Han nacido con un cuchillo debajo del brazo.
Arribista por pedigrí y logrero por temperamento. Eso es el español corriente, no importa el régimen. Todos lo hemos visto cambiar el bigotito hormiguero del Movimiento por la barbita nevada de «la» PSOE, como dicen los andaluces, con esa cosa femenina y nutricia que los lleva a ver en España no una piel de toro, como los poetas bizarros, sino una vaca lechera con once millones de tetas. Una teta, un voto. ¿No dice David Boaz que, mientras la derecha conservadora aspira al papel de padre, la izquierda socialdemócrata trata de reemplazar a la madre, que alimenta, viste y limpia los mocos?
El marxismo tomó de la leyenda de los Reyes Magos la fórmula abracadabrante de la mamandurria progresista: «De cada cual según su capacidad, a cada cual según su necesidad.» Cuando el marxismo quedó reducido a un concurso de ingeniosidades del lenguaje como el que ha hecho famoso al alcalde de Getafe, la socialdemocracia rehizo en Bad Godesberg el antiguo abracadabra: «Mercado, hasta donde sea posible. Estado, hasta donde sea necesario.» En una palabra: mamar.
En el mundo del progreso, la definición crea la realidad.
Según la derecha -la derecha de Rajoy es como el galgo del tío Zaragoza, que cuando salía la liebre se ponía a mear-, la única realidad es la crisis, que nos vuelve pobres, una idea, la del pobre, que siempre sedujo a los señoritos, y sólo hay que oírles cantar el «Magnificat» o la «Marsellesa».
-Ya nos pedirán socorro los pobres -piensa Rajoy, con un puro y el «Marca».
Pero los pobres que demandan socorro no van a Rajoy, sino a «Caritas». A Rajoy van «los tontos de los cojones», que, hoy por hoy, todavía son menos que los funcionarios y millonarios que van a Zapatero, el puto amo de las definiciones y, por tanto, de las encuestas.
«¡Zapatero avisa a Israel!», grita la prensa. Desfachatez: he aquí el juguete que Zapatero, el de la pañoleta palestina al cuello, y la tropa periodística nos traen este año de Oriente.
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