Cientos de miles de personas viven la fiesta de la Familia en la Plaza de Colón

La celebración ha empezado desde primera hora de la mañana. Ha hecho mucho frío, 5 grados a las 10 y el cielo nublado. El sol ha decidido no acompañar en la celebración pero esto ha sido lo de menos. Nadie se ha quedado en casa por el mal tiempo. La plaza de Colón estaba casi vacía a esa hora pero las cafeterías y bares de alrededor, abarrotados, eran un claro ejemplo de lo que luego sería este enclave del corazón de Madrid.
Las calles han estado cortadas pero el tráfico ha sido constante y, a cada instante, la afluencia de gente era mayor. Nada más salir del metro, una navideña banda sonora daba la bienvenida a todos los que poco a poco iban llenando la plaza. Villancicos para celebrar la Navidad y el Día de la Familia.
El despliegue técnico y humano ha sido impresionante. La bajada desde la calle Génova impactante. Al fondo, un enorme escenario protagonizado por una gran cruz y la imagen de la Sagrada Familia. Por el camino, interminables puntos amarillos. Son cientos de voluntarios encargados de controlar que todo marche bien. Cuatro de ellos aseguraban que «es una fiesta para celebrar y para intentar cambiar la imagen que se tiene en España del modelo de familia cristiana». Rosa, David, Sumai e Isabel tienen entre 36 y 26 años, y aseguraban que son de los más mayores que han estado ayudando hoy.
Celebración. Ésta ha sido la palabra más repetida durante la mañana. Era la fiesta de la Familia y ellos eran los protagonistas. Lourdes tiene cuatro hijos y viene desde Palos de la Frontera. Asegura que dos autobuses llenos han venido desde allí. Seguro que sí, entre ayer y hoy, mas de mil autocares han llegado a Madrid desde todos los puntos de España . "La familia es la raíz del pueblo" indica Lourdes. "¡La familia como unión de un hombre con una mujer con Dios en medio!", apunta su marido.
La familia cristiana como modelo positivo
Justo al otro lado de la calle están Sara, José y sus seis hijos. Sara, Patricia, Carlota, José Luis, Carmen Luisa y María Isabel tienen entre ocho años y siete meses. Viven en Majadahonda y forman parte de la parroquia de Santa María. Sara, que tiene 34 años y es arquitecta, defiende con ternura su modelo de familia. "Tener muchos hijos no es una carga, aporta muchos valores positivos y mucho cariño. Por eso hemos venido aquí, convocados por el Obispo, para mostrarnos". Pese al ruido de las canciones y a los juegos de sus incansables hermanos, María Isabel, la pequeña de la familia, duerme plácidamente.
De repente, uno de los sacerdotes, que ya está en el escenario, da unos avisos de los que en las parroquias se oyen al final de la misa. En este caso, antes de empezar porque todo tiene que estar preparado. Hay cuatro puntos estratégicos donde se reparten estampas y un libro publicado para la ocasión. Almudena atiende como voluntaria en la esquina de la Calle Goya, que ya es un río de gente. Tiene 25 años y asegura que “la unidad de la Iglesia es lo que más importa”. Justo delante, aparece de pronto un Belén. Jesús y Mª Carmen, de 47 y 41 años, vienen desde Valencia con sus doce hijos. Ella es la Virgen, Jesús es San José y entre sus hijos están los Reyes Magos, el Niño, pastoras, ángeles y hasta la estrella. Todos lo tienen claro: “con Jesús los problemas se resuelven antes”.
Empieza la misa. El coro, dirigido por el padre Félix Costelo, anima a los asistentes mientras se espera la ansiada conexión con Roma. Benedicto XVI aparece en el balcón de la Plaza de San Pedro y se hace el silencio. Pese a que no se oyen sus palabras en castellano, todo el mundo escucha con respeto. Cuando termina, una pequeña ovación, caras emocionadas y varios ¡viva el Papa!.
Palabras en contra del aborto
El cardenal Rouco Varela bendice a los congregados con el Evangelio. Comienza la homilía del arzobispo de Madrid con la lectura cantada del Evangelio según San Lucas. Durante las lecturas todo el mundo permanece en silencio, escuchando. “ Estremece el hecho y el número de los que son sacrificados por la sobrecogedora crueldad del aborto, una de las lacras más terribles de nuestro tiempo tan orgulloso de sí mismo y de su progreso ” ha dicho Rouco y todos los presentes han aplaudido.
Entre la gente, cinco chicas intentan prestar atención entre cuchicheos. Son todas de Granada, tienen 18 años y han venido con sus padres. Son miembros de familias con 4, 7, 9 o 10 hijos. “Nos inculcan que hay que tener sólo uno o dos hijos, pero nosotras estamos muy contentas teniendo muchos hermanos”
El escenario, convertido en altar durante la Eucaristía está rodeado. La plaza de Colón, completamente llena, escucha atentamente las palabras del Arzobispo . Ha hablado claro y se ha referido a todos los allí presentes. Todas las caras estaban vueltas hacia él y asentían de vez en cuando, apoyando lo que oían desde el altar. El presidente de la Conferencia episcopal acaba su sermón en un tono pausado y tranquilo, alentando a los que le escuchan. Y recibe una fuerte ovación.
Sentada en una escalera, escuchando y con una media sonrisa de tranquilidad en los labios, está Ángela Ruiz, embarazada y con 33 años. Espera su cuarto hijo. “Lo que más me sorprende es que venga tanta gente, que no hayan tenido pereza por el frío, con los niños. La familia cristiana es la mejor opción”.
La importancia de transmitir valores cristianos a la familia
Los cantos de la Consagración lo llenan todo, pero, pese al recogimiento, el movimiento de gente es constante. En una calle paralela a la Castellana un sacerdote, de pie y en medio de la calle atiende a un niño de ocho años que quiere confesarse. Mientras, en el altar, Rouco ha consagrado el pan y el vino y se llevan las ofrendas al altar. Después se leen las preces. Son 14, siete de movimientos apostólicos y otros siete de matrimonios de distintas parroquias de Madrid.
En una de las pocas zonas altas y menos llenas de gente que pueden encontrarse en la zona de Goya están escuchando atentamente Modesto y Mª Teresa, ambos de 68 años y de Madrid. “Tenemos una familia cristiana y espero que mis hijos también construyan la suya así”, asegura Modesto, “pero hoy vengo también a pedir por mi mujer, que tiene problemas de memoria”.
La plaza de Colón canta el Padre Nuestro y después, los asistentes a la Misa de la Familia se dan la Paz. Para que nadie se quede sin recibir a Dios, quinientos misioneros dan la Comunión en copones fabricados en Teruel, al igual que los que se hicieron para la visita del Papa. La plaza entera canta el Himno a la Virgen de La Almudena. Y cuatro familias, tres de diócesis madrileñas y una representante del resto de diócesis, adoran al niño Jesús. Muy atenta a todo lo que ocurre en el escenario, Feli, de 69 años, afirma que “se necesita la unión de todos los cristianos para que cambie el mundo y España”. Muy orgullosa cuenta que es abuela y los ojos se le llenan de un brillo especial. Aunque asegura que en casa de sus hijos no se vive la fe cristiana como a ella le gustaría confía en que sea así en un futuro: “pido a diario que a mis nietos les transmitan los valores cristianos que yo he dado a mis hijos”.
Se repiten las palabras del Papa debido a los fallos en la emisión en directo y vuelve el silencio a Colón. Después, los sacerdotes que han concelebrado la Misa salen en procesión. El cardenal arzobispo da la bendición a los asistentes a esta celebración. Una celebración de la Familia para las familias, que ha congregado a cristianos de todas las edades y zonas de España. Todos son familia y eso es lo que han querido mostrar, que su modelo de convivencia no sólo es posible sino además fuerte, positivo y lleno valores.
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