Últ. actualización
Un congreso divino
Domingo, 30-11-08
POR J. PRIETO
CÓRDOBA. La gaviota se hacía grande, la gaviota se encogía... en la cúpula del Paraninfo del Campus Universitario de Rabanales, donde un proyector plasmaba el logo de los populares mientras se sucedían las intervenciones en el escenario.
El PP de Córdoba celebró ayer su XIII Congreso Provincial con la vista puesta en José Antonio Nieto, que ganó de calle -de barrio y hasta de distrito-. «Un hombre que llegará lejos», predecían dos compromisarios poco después de votar pasada la una de la tarde.
Pegaba para ese momento sus últimos coletazos la jornada, que había comenzado temprano, a las nueve y media de la mañana. Desde entonces y hasta que la presidenta del congreso, Amelia Caracuel, hacía público el escrutinio y olvidaba proclamar de manera explícita vencedor a Nieto -luego lo hizo-, pasaron por el Paraninfo las caras de ahora, las de antes que vuelven y las nuevas que llegan.
Para ir dándose a conocer, los de Nuevas Generaciones (NN.GG.) se enfundaron camisetas verdes fluorescentes que no pasaron desapercibidas.
Otros llamaban la atención por sí mismos, por su mera presencia. Para Enrique Bellido -el hijo pródigo que no se fue por gusto- todo eran abrazos, saludos, apretones de manos, sonrisas, y «me alegro de verte». No en vano, volvía a un congreso del PP después del último al que asistió en el año 2000. Y en fechas más que oportunas. «Vuelves a casa por Navidad», vino a decirle una compromisaria.
Afuera, el día está peleón, difícil. Eso sí, para dificultades las que tuvieron algunos ponentes, a los que hubo que llamar la atención por colarse con los tiempos en su intervención. José María Bellido y Miguel Ángel Torrico se emplearon a fondo para que no se extendiesen más de lo previsto.
De los primeros en intervenir, el edil del PP en el Ayuntamiento Ricardo Rojas, cuya ponencia versaba sobre deportes, lo que aprovechó para tirar de símil y comparar a Nieto con Leo Messi. Fiel a su estilo, se dejó la piel en el atril como se la habría dejado en el campo si aquello fuese un encuentro entre dos equipos.
Pero no era un estadio, precisamente. ¿Qué mejor sitio para celebrar un congreso del PP que una antigua iglesia? Aunque ya desacralizado y utilizado para actos de la más diversa índole, el Paraninfo de la Universidad en Rabanales conserva la imagen de templo, con vidrieras de templo, bancos de templo y escenas del Via Crucis, como un templo.
Vino que ni pintado para que Antonio Sanz y Javier Arenas hablaran de la polémica del Crucifijo en la escuela y la hipocresía socialista que preside procesiones, comentarios que levantaron sendos aplausos del auditorio.
En él se encontraban rostros como los del fundador de Alianza Popular en Córdoba, Carlos Montijano, que no pudo quedarse al congreso por el fallecimiento de un familiar; Juan José Primo Jurado; Ignacio Fernández de Mesa, en representación de Asaja y CECO; el presidente de Uvaco, Salvador Medrano; el presidente de la Federación de Cooperativas de Trabajo Asociado de Córdoba, Miguel Peláez; el secretario general de UGT en Córdoba, Jesús Comino; y el de Comisiones Obreras, Rafael Rodríguez.
Los tres últimos intervinieron como invitados tras la espantada generalizada del público una vez que habló Javier Arenas. Lo cierto es que ya era tarde y apetecía un cigarrito. Al menos, eso pensaron algunos cargos públicos del PP, que fueron a la puerta a fumar.
Me gusta que me interrumpan
Eso sí, salieron después de escuchar a Arenas, que había llegado mientras Nieto daba a conocer quién compondría la ejecutiva provincial.
Hablaba cuando sin previo aviso sonó la música, la sintonía del partido, y Arenas hizo su entrada auditorio en pie -alguno prefirió seguir sentado- recibiendo abrazos y besos conforme avanzaba por el pasillo. Por si alguna duda había, Nieto se encargó de aclararlo: «No hay cosa que más me guste, que ser interrumpido por la presencia de Javier».
Arenas, todo un «monologuista» político, que habló después del portavoz de Economía del PP, Cristóbal Montoro, salpicó su intervención con su verbo fluido de anécdotas, si bien los mensajes de fondo fueron contundentes, como es habitual en él.
A la salida, la mesa de recuerdos aportaba pedazos de realidad comercializados. Sobre el tapete -una bandera de España y otra del PP- un variopinto muestrario de «merchandising» del partido.
Pines, cinturones, tirantes, pulseras o llaveros desde los que Rajoy mira socarrón o sonríe «San Aznar», según un joven con camiseta fluorescente que lo subió a los altares, quizá influido por el lugar.
-¿Cuál se vende más?
-Según el sitio -responde el tendero.
-Pero aquí en Córdoba...
-Tú pon que todos, se vende tanto el de Aznar como el de Rajoy, para qué te voy a decir uno u otro.
Zanja así la polémica mientras pasa cerca una señora que algunos miran dos veces por su parecido con la vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, aunque una mujer aclara a su contertulia que «se parecen, pero ésta es más guapa».
Fue el del «merchandising» el único chiringuito permitido pues desarmó el suyo la asociación «Mujeres en Igualdad», de Lucena. «Nos dijeron, con razón, que no podíamos poner una mesa para vender un recetario de platos que hemos editado porque el congreso no era el lugar». Aún así, lo hicieron parte de la mañana. Ellas fueron allí a hablar de su libro.

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