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«No he puesto nunca un teatro en números rojos y no lo haré ahora»

«No he puesto nunca un teatro en números rojos y no lo haré ahora»

POR MARTA MOREIRA

FOTO ROBER SOLSONA

VALENCIA. Helga Schmidt debe a sus padres el amor por la música y a Herbert von Karajan una de las principales peculiaridades de su carácter, el perfeccionismo. Hija de profesores de orquesta -y esposa de un cantante de ópera ya retirado, Vladimiro Ganzarolli-, la intendente vienesa comenzó a interiorizar la música en el Festival de Salzburgo, cuando tenía seis años. Como era demasiado pequeña para asistir a las funciones, Schmidt recuerda colarse en los ensayos matinales de Furtwängler. Desde el año 2000 dirige con mano firme el Palau de les Arts Reina Sofía, teatro que se ha beneficiado de su experiencia acumulada en el pasado como directora artística la Royal Opera House y del Covent Garden de Londres.

Así pues, una vez el teatro de ópera valenciano y su orquesta se ha situado por méritos propios a la altura de sus homólogos en el resto del mundo, los objetivos de la intendente se dirigen ahora hacia nuevos menesteres. Su principal fijación es contravenir la imagen de elitismo que proyecta, a su pesar, el Palau de les Arts. Ella misma explica a ABC por qué.

-¿Está dejando la crisis muchos asientos vacíos en Les Arts?

-No hemos sufrido una caída en la venta de abonos, que se sigue agotando enseguida, como en la primera temporada. Lo que sufre es la venta libre. Este año he aumentado un porcentaje mínimo los abonos porque tengo quejas de mucha gente que se quedaba sin ellos. El resto de entradas las dejo para venta individual, pero sin embargo ésta sólo funciona bien con las óperas conocidas. El público quiere ver «Parsifal» más que «Luisa Miller», a pesar de ser Verdi; prefieren venir a «Sigfried» que a «La Corte del faraón», que precisamente la había puesto para el público valenciano. Me gustaría que también viniesen a ver «El rey que rabió», con el que celebramos el centenario de Chapí, o «Faust», que es una ópera fantástica, popularísima en otros países del mundo, y aquí no se conoce. Entiendo que esta ciudad tiene una tradición de la ópera más popular, pero quiero que también conozcan una «Luisa Miller» que no es «Aída» o «Traviata», menos presente pero preciosísima musicalmente -además de la preferida de Maazel-. Quiero que el público se arriesgue y venga a ver óperas menos conocidas, confiando en que aquí siempre va a encontrar alta calidad. Pienso que es interesante que la gente amplíe su horizonte cultural. Yo no voy a imponer aquí tragedias rusas pesadas como «El príncipe Igor», quiero que el público se acostumbre lentamente a las óperas que no han tenido la posibilidad de ver.

-Reconoce que el Palau de les Arts debe mejorar su comunicación con los ciudadanos ¿Qué echa en falta?

-Que venga más gente del extranjero, sobre todo para el Festival del Mediterráneo, pero al mismo tiempo me encantaría que creciese el público valenciano, desde los niños hasta la tercera edad. Tenemos que hacer entender que éste no es un teatro de la elite, sino de todo el mundo.Vamos a poner en marcha paquetes turísticos con autobuses desde otros puntos de la Comunidad, y me gustaría ver aquí más niños, no sólo para que mejore su cultura, sino también para que edificios como éste tengan un público el día de la mañana. No sólo es un objetivo cultural, es un objetivo político.

-Entiendo entonces que la situación de crisis no es todavía preocupante.

-No, hemos agotado la última función de «Parsifal». De «Luisa Miller» no, pero aun así estamos vendiendo el 85 o 90% del aforo, y de «Iphigénie en Tauride», para la que contamos con Plácido Domingo, está casi todo vendido.

-¿Han perdido patrocinadores?

-No. Desgraciadamente empezamos demasiado tarde con este tema, pero aun así tenemos patrocinadores preciosísimos. La sociedad Patronini (con la que el Palau de les Arts ha externalizado la búsqueda de patrocinios nuevos) está funcionando bien, y aunque la crisis lo haga mucho más difícil, confío en que cumplirán con los objetivos que les hemos marcado, porque lo necesito. Contamos con una suma muy importante de la Generalitat, gracias al apoyo de su presidente y del conseller de Economía, pero no es suficiente, sobre todo por los costes de mantenimiento del edificio, que son elevadísimos. Pero es un símbolo y estoy contenta de que Calatrava sea profeta en su tierra.

-Una de las líneas de promoción exterior del Palau de les Arts son las grabaciones en DVD ¿Qué han sacado al mercado?

-He firmado un acuerdo con Unitel, que es la discográfica que publica más producciones de ópera en High Definition. La conozco desde que trabajaba con Karajan. Cuesta probablemente más dinero así, pero la alta calidad es importantísima. «Fidelio» y «Cyrano de Bergerac» están ya en el mercado y queremos publicar entre julio y agosto la tetralogía de «El Anillo del Nibelungo» para presentarla en el Festival de Bayreuth. Será un DVD excepcional.

-Llama la atención que siendo usted austríaca todavía no hayamos escuchado nada de Richard Strauss. También se echa de menos a Rossini.

-Esto se debe a que Maazel y Mehta tienen casi todo el repertorio menos Rossini, pero vamos a verlo. El 17 de abril Ricardo Chailly ofrecerá un concierto sinfónico de Rossini. También tenemos un acuerdo para «El barbero de Sevilla». Maazel y Mehta son especialistas en Strauss, pero como nos hemos concentrado en la Tetralogía por un lado y «Parsifal» por el otro, me parecía excesivo hacer al mismo tiempo Strauss. Mehta dirigirá «Salomé» en 2010 con Negrín como director de escena, y le he pedido que cada año haya un Strauss en el Festival del Mediterráneo. Por el momento «Salomé», «El caballero de la Rosa» y una producción estupenda de «Electra» del Teatro Mariinsky que intercambiaremos por nuestro «El árbol de Diana» de Martín y Soler.

-Pasa el tiempo y la cuestión de la sustitución de Lorin Maazel genera cada vez más expectativas.

-Maazel termina su contrato en abril pero ha dicho que quiere volver a hacer «El Murciélago y otro Strauss en diciembre de 2009. Ha decidido irse para dedicar su tiempo a su propio festival en un pequeño pueblo de Virginia. Desde julio 2008 hasta ahora he tenido infinitas conversaciones con varios directores de orquesta a los que les encantaría venir, pero tienen la agenda bastante llena porque trabajan a tres o cuatro años vista. ¡Me hablan de 2014!

-¿Qué perfil debe cumplir el futuro director titular de la Orquesta?

-Tiene que ser un maestro de alto nivel que hable el mismo idioma musical que esta orquesta, que es brillante y rápida, con músicos que afortunadamente no son rutinarios sino todo lo contrario. Necesito encontrar una persona que continúe en la misma línea. Además debe tener un cierto nombre, pero sólo lo anunciaré cuando tenga una firma. Por lo que pueda pasar.

-¿Se ha reducido el círculo a una sola persona?

-Es un círculo muy reducido.

-¿Una joven promesa o una batuta consagrada?

-La vía del medio (ríe). Pero pienso que es importante que tenga experiencia. En su momento, hace cuatro años, hablé con Dudamel, al que considero un talento extraordinario y al que conozco desde que dirigió una de sus primeras óperas en Caracas. Pensé que podría ser la persona adecuada, porque tiene la música en la sangre y tenía ya bastante experiencia con su Joven Orquesta. Pero los jóvenes directores tiene un problema, que es la falta de repertorio. Por eso prefiero invitar a los jóvenes para un proyecto, pero para director musical prefiero a alguien con más experiencia operística.

-¿Cuál va a ser la vinculación de Maazel con el Palau después?

-Tenemos que reunirnos para verlo. Él quiere hacer operetas cosas alegres y no pesadas.

-¿Ha tenido algo que ver el dinero en su despedida?

-Es bien conocido que Maazel es de los que más dinero piden, pero pienso que sencillamente ha llegado a una decisión vital a sus 78 años.

-¿Cuál es la mayor enseñanza que adquirió de sus años con Karajan?

-Karajan fue un perfeccionista, un músico fantástico que tenía una visión muy futurista de la puesta en escena. Fue de los primeros que empezó a trabajar con iluminación y pocos decorados. Esta forma de escenografía etérea, que luego he pedido a La Fura dels Baus o a Werner, empecé a amarla trabajando con él. También me decía siempre que cuando me cancelara un cantante, tenía que sustituirlo por otro mejor.

-¿Cree que si viviese querría venir a dirigir al Palau de les Arts?

-Cuando trabajaba en el Convent Garden vinieron todos los directores que quise -Abbado, Mehta, Maazel, Mutti, Karl Böhm- excepto él y Bernstein, aun siendo grandes amigos míos. Karajan no quería dirigir otra orquesta que no fuese la Filarmónica Berlín, y Bernstein porque alguien le había hecho algo en el pasado y prometió que nunca volvería allí.

-Precisamente se ha sugerido que Mutti, Abbado y Harding podrían venir a Les Arts.

-Abbado es muy selectivo en lo que hace y sólo trabaja con sus orquestas. Mi deber no es invitar a orquestas extranjeras, esto es algo que ha hecho muy bien durante años el Palau de la Música, y yo me distancio. Quizás si el dinero me lo permite, invitaré a una orquesta alguna vez durante el Festival del Mediterráneo, porque hacer toda Tetralogía y «El Ocaso de los Dioses» es demasiado para la nuestra. Si no lo he hecho hasta ahora es sólo por motivos presupuestarios. Tengo que ser muy prudente gestionando el dinero público, y es muy difícil, pero nunca he puesto un teatro en números rojos y no voy a hacerlo ahora.

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