¿Las familias numerosas? Mal, gracias

«Nuestra auténtica cuesta no es la de enero sino la del inicio de curso», afirman Isabel e Íñigo, padres de ocho hijos, de entre ocho meses y 13 años. Esta numerosa familia, que vive en un piso de cien metros cuadrados aprovechado de forma acogedora, debe hacer filigranas para estirar el único sueldo que entra en casa, el de Íñigo. Isabel no trabaja, porque «hacerlo supondría tener ayuda en el hogar y utilizar el servicio de comedor y de transporte escolar. Y eso elevaría de forma casi inasumible el recibo mensual».
En España hay un millón de familias con más de tres hijos. La mitad de ellas gozan de la consideración legal de familia numerosa, porque tienen al menos tres hijos menores de 21 años, o de 25 si están estudiando. El resto no cumple los requisitos o no ha pedido ese rango legal. Pero este reconocimiento no se traduce en un apoyo económico suficiente y se ven en la necesidad de apretarse el cinturón, sobre todo en época de vacas flacas como la actual.
Agujero doméstico
La educación es uno de los capítulos que genera un mayor desembolso sobre todo en las familias con varios hijos. Los recibos se multiplican, y no sólo al inicio del curso. Este constituye un auténtico agujero en la economía familiar, ya que exige un desembolso medio de 800 euros, con diferencias según se trate de centros públicos, concertados o privados. Después, cada mensualidad se nutre de conceptos previstos e imprevistos, que graban la economía.
Los siete niños de la familia Nieto en edad escolar (el benjamín es demasiado pequeño para ir al colegio) estudian en un centro concertado, de Majadahonda (Madrid), configurado como cooperativa de profesores. La enseñanza es gratuita, pero sólo eso, que, por otra parte, es lo estipulado por ley.
Con la incorporación a las aulas, los gastos más elementales, como seguro escolar, gabinete psicopedagógico y derechos de administración, constatan que la gratuidad total es una utopía. Esta familia ha debido desembolsar más de 600 euros en dichos conceptos.
Menú en tartera
Pero la suma no para ahí. Libros, ropa e imprevistos (excursiones o actividades extraescolares) se añaden a la inversión. Para los textos reciben ayudas que cubren parcialmente el gasto. Para equipar a los niños recurren a múltiples trucos. «Apuramos al máximo la ropa hasta que ya no les sirve y compramos fuera de temporada para que no se acumule el gasto», asegura Isabel, al tiempo que advierte de la posibilidad «nada deshonrosa» de heredar ropa y de aprovechar la que se deja olvidada en el colegio y que nadie reclama a lo largo del curso. Precisamente esta es una de las iniciativas esbozadas por la Confederación Española de Centros de Enseñanza (CECE) para afrontar la crisis económica. En relación con los libros, Íñigo se pregunta «por qué hay que cambiarlos todos los años». Tampoco está de acuerdo con el elevado coste de la ropa deportiva. «¿Cómo es posible que haya que gastarse hasta 60 euros en el chándal?».
El precio del comedor escolar supera los cien euros mensuales. En algunos colegios se permite a los alumnos que así lo deseen llevar el menú de casa y utilizar los servicios del comedor abonando una pequeña cantidad, nunca superior a los 40 euros. «Sería una buena solución para mis hijos —comenta Isabel—, pero en su colegio no permiten la tartera». Así que, «deben comer en casa para evitar un gasto de casi mil euros mensuales». Las ayudas concedidas a este fin sólo beneficiaban a cuatro de los niños y apenas suponían el 11% del coste total, razón por la que han decidido renunciar a ellas. No llevan a sus hijos a las actividades extraescolares y tienen su propia ruta escolar, en el automóvil familiar. La hora formativa, por la que el colegio puede cobrar 130 euros mensuales, es otra de las privaciones a las que se obligan. Y es que, en algún momento, han debido abonar 1.300 euros mensuales.
El lado bueno de esta singular forma de afrontar la vida diaria está en su contribución a formar en la austeridad y la fortaleza y a no crearse necesidades. «Los niños son felices y están orgullosos de su familia», aseguran sus padres.
Quienes deciden llevar a sus niños a un colegio privado también deben asumir privaciones. Marta y José María tienen cuatro hijos de entre 7 y 16 años (de 2º de Primaria a 1º de Bachillerato) y para ellos es «prioritario invertir en una educación personalizada». Por esta razón, «hemos elegido colegios privados para nuestros hijos, porque imparten una enseñanza de calidad y transmiten los valores que nosotros queremos para ellos», dice Marta.
La mejor herencia
Entienden que la mejor herencia que pueden dejar a sus hijos es una buena educación, y prefieren destinar una buena parte del presupuesto familiar a colegios privados y reducir o sacrificar otras actividades. Hasta han llegado a cambiarse de domicilio para tener más accesible el colegio. «Ahora —comenta Marta—, los mayores vienen a casa a comer y los pequeños, se llevan la tartera con la comida al colegio». La eliminación de gastos afecta también a otros ámbitos. «Hemos reducido presupuesto en la empleada del hogar y viene menos horas a casa». Además, «heredamos ropa, libros de otros compañeros y, siempre, esperamos a comprar ropa nueva en rebajas», continúa Marta. Como en el caso anterior, la ruta escolar es otro elemento de ahorro. La madre lleva al colegio a sus hijos, salvo a la mayor, «que ha cambiado de centro educativo y va ahora en metro».
La mensualidad que deben afrontar Marta y José María en conceptos educativos asciende a 1.300 euros y eso gracias a que los colegios en los que estudian sus hijos ofrecen descuentos por familia numerosa. Asimismo, ahorran en la comida al utilizar la fórmula de la tartera, que les cuesta 35 euros por persona. Las actividades extraescolares se elevan a 50 euros por cada uno y los 1.500 euros anuales de los libros, el material escolar y la ropa descuentan la ayuda de 110 euros por niño que reciben de la Comunidad de Madrid. De esta ayuda se excluye la hija mayor: no hay en Bachillerato.
Como la concertada y la privada, la enseñanza pública conlleva unos gastos que, a veces se hacen muy gravosos para las familias. Eva y Luis son padres de tres niños de entre dos y 15 años. Los mayores estudian en un colegio público de una ciudad del centro de España. Sólo trabaja Luis y su sueldo debe estirarse para pagar, además de los libros (cuentan con ayudas parciales) y la ropa, los extras de transporte para gimnasia, material (folios, plastilina o cartulinas) y el fondo común de actividades. Una fuente de ahorro es el comedor. Los niños almuerzan en casa.
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