Políticos de diseño

Desde que Manuel Marín y Eduardo Zaplana abandonaran el Congreso nos hemos quedado sin políticos-pincel. La frase es de un viejo senador popular que derrocha sarcasmo ante el páramo de trajes a medida y gemelos de oro que asuela el hemiciclo de la Carrera de San Jerónimo. Ahora, a los políticos que «pitan» en el Congreso se los encuentra uno en Zara o en El Corte Inglés en menos que Solbes duerme a los cuatro diputados que le escuchan defender sus presupuestos. La nueva hornada de «padres de la patria» que suele airear los aciertos de Zapatero y Rajoy sabe que una imagen vale más que una proposición no de ley. Y si no, a qué viene que los periódicos consumieran hace un par de años portadas y portadas difundiendo el jersey rayado de Evo Morales o a qué, si no, la polémica de las ministras del PSOE, de alta costura en «Vogue». Populares y socialistas como Esperanza Aguirre y Carme Chacón se pasean por revistas de moda como Pedro por su casa. Hasta jefes de Estado, como el presidente Sarkozy, se dejan querer por la publicación «Vanity Fair» que lo encarama al podio de los hombres mejor vestidos.
Tiendas asequibles
A ver quién es el guapo que se muestra ajeno al «shopping». La renovación ha entrado en la casa del PP por la ropa, además de por el discurso. La número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, no se corta a medida los trajes. Y no es por la crisis. El pragmatismo se ha apoderado de los mensajes pero también de los armarios de nuestros representantes. Cospedal aprovecha sus escasos ratos libres para cruzar a la calle Arenal, en Madrid, y aprovisionarse de americanas de colores vistosos y coderas de piel en «Extreme», una tienda popular y asequible, especialista también en camisas románticas. La chaqueta azul que usó el pasado martes en el debate de presupuestos es sólo una de muchas. En Cibeles, acude siempre al desfile de Alma Aguilar, una diseñadora femenina y chic, que tiene un comercio en Madrid, que también visita.
David Cabaleiro, experto en imagen personal y profesor de la Escuela Internacional de Protocolo, cree que la candidata castellano-manchega «posee un estilo fiel a lo que esperan sus votantes. Siempre elegante y conjuntada, nunca desentona». De cuello para arriba, el maquillador oficial de Maybelline NY, Gato, le invita a despejar su cara en una coleta «y a potenciar sus ojos y labios con una buena máscara y un tono afrutado para labios y mejillas».
Como regla general, el estilista apuesta por que las políticas lleven siempre un fondo de maquillaje: «Ellas tienen que expresar, que comunicar, y su cara es lo primero que se ve».
Cospedal ha roto moldes en Génova, pero quien los ha destrozado ha sido la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría. Incansable, puede vérsela comprando en Zara o en Massimo Dutti para abastecer un vestuario que no le importa cambiar en dos ocasiones si la noche le obliga a enfundarse algún raso negro, como en la pasada fiesta de «Telva». Para Cabaleiro, «es juvenil y radiante y poco encorsetada. Es joven y lo representa en su vestir». Quizá por ello le gusta lucir detalles étnicos de bisutería comprados en sus viajes, aunque Gato le reprocha su corte de pelo: «Su peinado pertenece a otra época. Tiene que escalonárselo para disimular el escaso volumen que tiene».
Entre los jóvenes cachorros varones de PP y PSOE, dos son los nombres que despuntan por ofrecer una imagen más fresca: Esteban González Pons y Miguel Sebastián. Ha sido difícil expurgar entre los políticos que no han entregado su armario a la dictadura del sastre y la corbata. González Pons (PP) impacta entre sus compañeros por su desenfadado guardarropa, que Cabaleiro califica de «casual, con camisas y vaqueros de marcas internacionales», Burberrys y Levi's. Los estilistas aprueban al dirigente popular y no así al ministro más joven de Zapatero, Miguel Sebastián. Titular de la cruzada de que, para ahorrar energía, las corbatas no son para el verano, el titular de Industria no se considera, como así fue tachado, de la «beautyful people» del PSOE. Muy al contrario, lleva a gala vestirse en Cortefiel o El Corte Inglés y hasta alguna vez en Zara.
Pero el emporio de Amancio Ortega no es patrimonio de las nuevas incorporaciones de Rajoy. Esperanza Aguirre se «abonó» a la cadena desde que tuvo que afrontar una campaña un mes de octubre. Entonces, hizo acopio en las tiendas de Inditex de algún suéter grueso y faldas cálidas; mientras, los broches de fieltro y las bufandas de fantasía que tanto le gustan se los compran su tía y su madre, que la tienen en palmitas. Su imagen se ha transformado a mejor desde que fuera concejal de Medio Ambiente con Álvarez del Manzano; aclara su cabello con unos reflejos vegetales cuyo secreto guarda con celo. A la jefa del Gobierno de Madrid ya casi no se le recuerda con los brocados de «Guiomar», que gastaba cuando era presidenta del Senado. En verano se surte de alpargatas de Castañer y «para más vestir» se enfunda algún modelo de Roberto Verino, como una casaca de seda salvaje de color naranja con la que recibió al «president» Montilla.
Verino, el preferido
Al modisto gallego también es adicta la ministra Carme Chacón que, en cuanto se recuperó del parto de este verano, consiguió ponerse un traje camisero negro que adora y colgarse ese bolso negro acharolado del mismo Verino que tantos secretos guarda en su interior, y que costaba en rebajas 240 euros. De la titular de Defensa, el estilista habla de un look «austero, con pocos riesgos a la hora de elegir su atuendo, a pesar de la loable elección de marcas españolas». El maquillador considera que «las gafas le potencian mucho la mirada» y matiza que «yo le cambiaría el corte de pelo, que es demasiado clásico: debe arriesgar en el color».
Pero si hay una ministra de Zapatero que ha hecho de la moda una religión esa es María Teresa Fernández de la Vega. A la vicepresidenta, considerada el «cerebro» de la exhibición en «Vogue» (tiempo después «Telva» le pidió a Esperanza Aguirre una entrevista que incluía posado con vestidos de pasarela y, tras ver las barbas de sus vecinas de Moncloa... se negó a lo segundo), le encanta jugar con los colores vivos. Rosa, lila, naranja y fucsia no faltan en sus perchas. Sus diseñadores de cabecera son de nuevo los gallegos Roberto Verino y Adolfo Domínguez donde adquiere chaquetas de entre 150 y 400 euros y camisas que oscilan entre los 80 y 250 euros. Por cierto, algunas que están rematadas con cuello chimenea, de Adolfo Domínguez, también son del gusto de la Princesa de Asturias.
A la más joven compañera de De la Vega, Bibiana Aído, le apasiona Zara y la firma «Flamenco», con sede curiosamente en la calle Génova, quizá como evocación a su época de directora de la Agencia para el Flamenco. La gaditana, que lució elegante en su toma de posesión en La Zarzuela con un traje de falda y chaqueta de raso en color plata con zapatos de salón beige, «aparece un poco disfrazada», según asegura Cabaleiro, que sostiene que «se nota que el traje no es su hábitat natural». En el terreno del maquillaje y la peluquería el profesional de Maybelline aclara que «tendría que insistir más en su rostro, ya que una política no puede ir con la cara lavada. A ella los tonos neutros le favorecen y debería corregir el rubio de sus mechas hacia un tono castaño más natural, quizá un avellana».
La tez morena, desfasada
A los técnicos no les gusta el tono moreno exagerado en la tez, estética de la que, ausente Zaplana, es un claro exponente Ana Mato, cuyo estilo es tachado de «atemporal y con cierto desfase», a pesar de que sus compañeros de escaño comentan con admiración la imagen rompedora de la vicesecretaria de Rajoy, muy arriesgada en los largos de su vestido, como en la foto que sirve de pórtico a estas páginas. Lo cierto es que su estética compite con la de Sáenz de Santamaría en la bancada popular y hay algún compañero que asegura que la rivalidad no se queda sólo en el terreno de la imagen.
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