El español, sin ninguna duda
Con los grandes Diccionarios que ABC pone en manos del lector a partir del próximo domingo el español ya no admite lugar a dudas. Por ejemplo, el lehendakari Ibarretxe no hubiera barajado recurrir a un referéndum para autodeterminarse, porque no debe usarse con el sentido de «considerar», en referencia a una sola cosa. En sentido recto, barajar significa «mezclar los naipes antes de repartirlos». Así que si Ibarretxe quiere barajar será en la tasca de la esquina, después del café, copa y puro. Por lo tanto, inadmitida la propuesta, como han dictado con sabio juicio los tribunales de la cosa. Inadmitir ya es verbo abrigado por la Docta Casa, y significa «rechazar una demanda, recurso o petición por motivos formales, sin entrar a considerar el fondo».
Orientación para todos
Quien debería tener estos Grandes Diccionarios que ofrece ABC como libros de consulta de cabecera es la ministra de la cosa de la Igualdad, doña Bibiana Aído, miembro -que no miembra- del Gabinete Zapatero. Así, en su despacho, mientras degusta un capuchino -no un religioso descalzo que pertenece a la orden reformada de San Francisco, sino el «café con espuma de leche» adaptado de la voz italiana «cappuccino»-, y paladea un cruasán recién salido de una cruasantería (y no de una croissantería), advertirá que la voz inglesa «mobbing», con la cual se designa el hostigamiento al que, de forma sistemática, se ve sometida una persona en el ámbito laboral, y que suele provocarle serios trastornos psicológicos, debe sustituirse por «acoso laboral». O, también, que su Departamento debe informar «de que», y nunca «informar que».
La ministra gaditana habría de recordar, muchos años después, que hubo un presidente del Gobierno, sevillano para más señas, que se declaraba «diabético», pero no porque padeciera esta enfermedad, sino por sus colores verdiblancos de pulsión por el Real Betis. La diabetes es una «enfermedad metabólica caracterizada por la excesiva secreción de orina». Es voz llana (diabetes), aunque en algunos países de América se oye a menudo con acentuación esdrújula: diábetes. Desgraciadamente hay muchísimas personas que adolecen de la diabetes.
Ahora que finiquita el ferragosto conviene nadar entre las dudas cuando disfrutamos de la «masa de agua salada» que contiene el mar: «Este sustantivo, neutro en latín, se ha usado en español en ambos géneros. En el español general actual es masculino («Estar cerca del mar», «sobre el mar», «por el mar»). Pero entre las gentes de litoral (marineros, pescadores, etc.) es frecuente su empleo en femenino para las expresiones que describen su estado: «mar arbolada»... o en locuciones propias del lenguaje marinero, como «alta mar» o «hacerse a la mar». Cuando antecede al nombre propio de su situación geográfica, es siempre masculino y debe escribirse con minúscula inicial: el mar Caribe, el mar Mediterráneo, el mar Rojo, el mar del Norte; sólo se escribirá con mayúscula inicial si forma parte de un nombre propio: Mar de la Tranquilidad. Agavillando masculinos y femeninos, por ejemplo médico -ca, se debe utilizar el femenino como médica, y no debe emplearse el masculino para referirse a una mujer.
Otro expresidente, José María Aznar, podrá seguir disfrutando del juego del pádel, como la «adaptación gráfica propuesta para la voz inglesa paddle». También debe evitarse el error, tan frecuente, de acentuar gráficamente ti (pronombre personal tónico de segunda persona del singular, monosílabo y que se escribe sin tilde) por analogía con los pronombres de primera y tercera personas mí y sí, que, aunque son también monosílabos, se acentúan por motivos de tilde diacrítica (que sirve para dar algún valor distintivo).
No hay tutía
«No hay tu tía» es «tutía». Por consiguiente, sobre la correcta utilización del idioma sí hay tutía: leer estos Grandes Diccionarios que ABC pone en manos de sus lectores le subirá la libido (no la líbido, con acento) a más de uno y una. Libido -deseo sexual- es un sustantivo femenino llano, como corresponde a su etimología. Es, por tanto, errónea la forma esdrújula líbido, debida al influjo del adjetivo lívido (amoratado o pálido) con el que nunca debe confundirse. Y el coronel de la literatura García Márquez sí tendría quien «le» escriba una misiva en una botella, tal vez. La carta sería el complemento directo y el «le», complemento indirecto. Porque como esculpió el autor de «Cien años de soledad», María Moliner -cuyo Diccionario del uso del español pueden paladear desde el próximo domingo los lectores de ABC-, hizo una proeza con muy pocos precedentes: escribió sola en su casa, con su propia mano, el diccionario más completo, más útil, más acucioso y más divertido de la lengua castellana. Con ABC, el español ya no admite dudas.
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