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Sólo el núcleo duro del PSE cree que la próxima libertad de Otegi acerca otro proceso

Si no hay imprevistos, el ex portavoz de Batasuna Arnaldo Otegi abandonará el próximo 30 de agosto la prisión de Martutene, con la misma soledad que le ha acompañado durante los casi quince meses que ha permanecido entre rejas para cumplir condena por enaltecimiento de ETA. La «izquierda abertzale» le tributará algún homenaje, para cumplir el trámite. Sólo el núcleo duro del PSE, que gira en torno a Jesús Eguiguren, se aferra al clavo ardiendo y, en contra del análisis de los expertos, cree que la puesta en libertad de Otegi abre perspectivas de un nuevo «proceso de paz», aunque no sea a corto plazo.

Hace tiempo que Otegi quiere abandonar la primera «línea de batalla». Está hastiado. Cuando ETA asesinó el pasado mes de marzo al ex concejal del PSE en Mondragón Isaías Carrasco, el tantas veces apologeta de la banda mostró su contrariedad. Al parecer, tenían amigos comunes. Pero no sabe cómo dejarlo. Siempre se encontró con la oposición de ETA, que no tolera abandonos de quienes han sido la voz y el rostro de su estrategia perversa. Quizá ahora encuentre la coartada para irse por la puerta de atrás, aunque la banda antes le exija los últimos servicios a la «causa vasca». Sobre todo en las actuales circunstancias, con una Batasuna descabezada y que está encontrando problemas para reorganizarse en la clandestinidad.

La «voz de su amo»

Tras la ruptura de la tregua, Zapatero dejó de confiar en quien durante el «proceso de paz» fue el «interlocutor válido de la izquierda abertzale». Para el PNV, Otegi ha constituido, a la hora de la verdad, un «cero a la izquierda», ha sido, simplemente, la «voz de su amo». Tras el fracaso de Estella, los nacionalistas le dieron una segunda oportunidad. Pero, tras la espantada que protagonizó en Loyola por orden de ETA, no habrá una tercera.

La organización criminal, por su parte, lo considera más que «amortizado», y no le perdona sus «flaquezas», como cuando se dejó llevar por la euforia en algunas de sus intervenciones -«habrá dos mesas y habrá resolución del conflicto», repitió en más de una ocasión-, o cuando, tras la salvajada de Barajas, mostró el «desconcierto» de la «izquierda abertzale». También se la tienen jurada los «comisarios políticos» colocados por ETA en Batasuna a lo largo de los últimos años. Con Joseba Permach y, sobre todo, con Rufino Etxeberria, estuvo a punto de llegar a las manos en varias ocasiones. Además, algunos presos, entre los que se encuentran ex dirigentes de Batasuna, han expresado su malestar ante lo que creen trato de favor hacia Otegi, que ha cumplido condena «en su pueblo».

En ese escenario, sólo la confianza que aún mantiene el entorno más próximo al presidente de los socialistas vascos, Jesús Eguiguren, que ve en Otegi la llave para una reapertura a medio plazo del proceso, alivia la soledad del ex portavoz de Batasuna.

El «exilio interior»

¿Cuál será el futuro más inmediato de Otegi? Algunos hablan del «exilio interno». Despreciado y ninguneado por ETA, sin la confianza del Ejecutivo de Zapatero, sin coalición, ni mesa nacional a la que representar. Con varias causas judiciales aún pendientes y la amenaza de volver a prisión en cuanto hable en nombre de Batasuna e incluso de la «izquierda abertzale». Con el deseo propio, transmitido a su entorno, de retirarse de la actividad política, a Otegi no le queda como futuro inmediato, más que el repliegue. Al menos táctico, porque, según las fuentes consultadas por ABC, ETA, antes de que abandone, le va a exigir algún servicio más.

La banda no quiere una retirada total de quien durante los últimos diez años ha sido el rostro de la «izquierda abertzale», su representante en las negociaciones, primero con el PNV durante la tregua de Estella, y, después, en el «proceso de paz» con Zapatero. Máxime en este contexto, en el que una desaparición total de Otegi de la vida política avivaría el sentimiento de desmoralización, derrotismo que cunde, cada vez más, en esa izquierda abertzale. Pero desconfía por completo de él. Así pues, todo parece indicar que lo mantendrá durante un tiempo como referente teórico, a sabiendas de que el ex portavoz, a la hora de la verdad, es un sumiso a las directrices de la banda: Realizará declaraciones esporádicas «a título personal» para no ser encausado de nuevo; colaborará en medios de comunicación afines, exponiendo a grandes rasgos las líneas tradicionales de la izquierda abertzale; pronunciará alguna conferencia en el extranjero ante auditorios nacionalistas, y, por qué no, pondrá su firma a algún libro -escrito por otros-, que recoja la «memoria histórica» de la «izquierda abertzale».

Pero lo cierto es que el Gobierno y el PNV son conscientes de que ETA, para las cuestiones de envergadura, da por amortizado a Arnaldo Otegi, por lo que queda condenado al fracaso cualquier intención de dirigirse a él como interlocutor. Los Servicios de Información certifican este análisis.

Contra viento y marea, sin embargo, no lo comparte el entorno de Jesús Eguiguren, obstinado, pese al reciente fracaso, en reabrir, cuando las circunstancias lo propicien, la enésima negociación política con ETA. Considera que la antigua relación con «Josu Ternera» da aún bazas a Otegi como interlocutor en un futuro, aunque no sea a corto plazo. Este sector de los socialistas vascos cree que la detención de los «duros» Francisco Javier López Peña, «Thierry», y de Jon Salaberria, da oxígeno a los más posibilistas, entre los que incluyen a «Ternera» y «Otegi».

Los Servicios de Información descalifican esta teoría e insisten en que el «comité ejecutivo» de ETA, que adopta por norma las decisiones de forma colectiva, es siempre «duro». Además, las últimas informaciones procedentes de Francia apuntan a que en el «proceso de paz» «Ternera», fue el «asesor» de ETA para desarrollar una estrategia negociadora, con indiscutible influencia dada su veteranía, pero a la hora de la verdad no tiene el control operativo, como para garantizar que no vuelva a las armas.

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