Música celestial

ESA pobre muchacha, casi una niña, asesinada en Salamanca por su novio o lo que fuera, ha llenado las páginas y ha colmado las voces regionales de todos los medios. Incluso los nacionales, pues todo una ministra como la señora Aído, la miembra del Gobierno más marchosa y suculenta, ha puesto el altavoz para hablarnos de sus ocurrencias y de su granito de arena para aliviar, ay, de algún modo, los pésames del dolor.
Da lástima y pena, y también desaliento, ver cómo la gente llana, la del pueblo de toda la vida, se indigna llamando al asesino por su nombre pidiendo la luna justiciera, por un lado, y cómo el poder político y los jueces, por otro, recomponen su figura -como la ministra de Defensa en su visita a Afganistán con peluquera y todo un staf de manicura y de estética facial- en cada asesinato que se produce en España.
Una vergüenza estrepitosa. Tan estrepitosa como la milonga de unos Juegos Olímpicos apolíticos al paso de oca de los militares chinos o el ¡¡¡chisss!!! de la señora De la Vega a nuestros deportistas antes de partir al paraíso socialista de Pekín con un crisantemo en el hojal. A lo que vamos, señores. ¿Pero qué coños está pasando aquí? Una pobre muchacha enamorada, que iba a empezar sus estudios de psicóloga en la Pontificia de Salamanca en el próximo septiembre, de pronto, ve truncados todos sus sueños y toda su juventud maravillada porque sí, porque a su novio de 19 años se le cruzaron los cables. El pavo ha colaborado con los agentes del orden como si tal cosa, como si viera en secuencia su propia película americana. La ministra Aído, que no sé de qué es ministra ni falta que nos hace, pues la igualdad en este Gobierno es como el patriotismo, o sea, un montón de desigualdades, ha terciado en el dolor de la pobre gente con otra película. Y lo ha hecho como esas artistas de Hollywood que hacen campaña del hambre con ropa de marca y con la marcha añadida que presta una chequera bien repleta. Ha dicho la señora Ministra que, hombre, en agosto, donde tradicionalmente se refresca el rostro, hay más asesinatos porque los españoles tenemos «vacaciones». Como suena. Entornó los ojos transidos de pena, como en la ópera La Dolorosa del maestro Serrano, y se volvió a sus vacaciones para perfeccionar la ley de violencia de género. La frivolidad de la señora Ministra más divertida del régimen ha sido maravillosa. Y claro, da por supuesto algo que en el socialismo real se llevaba a rajatabla siguiendo una consigna de Lenin: «las leyes de los soviets nunca se extinguen, se perfeccionan».
No sé en qué obras completas habrá leído esto Aído, pero ojo pirojo, señora Ministra, porque en las traducciones hay mucho pijo infiltrado. O sea que, muy probablemente, en la próxima reforma de esa Ley que ha aumentado la matanza de mujeres, se excluyan los 31 días de agosto como mes de vacaciones. Otra genial idea ante la crisis. La crisis de valores ya es imparable. Menos mal que la Junta de Castilla y León ha tenido una reacción con sensibilidad: se ha ofrecido para personarse en el caso. ¿Hasta cuándo esta frivolidad con las víctimas?
Antonio
Piedra
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