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«¡Imaginad el dolor!»

POR ESTHER DE LEÓN

MADRID. Este verano se han cumplido 22 años de lo ocurrido y, desde el lugar de los hechos, una de las víctimas del atentado de la Plaza de la República Dominica relata cómo el acto terrorista cambió por completo su vida. Es Félix -guardia civil que desea salvaguardar su identidad- que reflexiona cabizbajo sobre el legado que le dejó la crueldad terrorista. Con la salida de De Juana le invaden un «cúmulo de sensaciones: indignación, impotencia, rabia, frustración porque una alimaña de este calibre, después de asesinar a 25 personas, salga a la calle y pueda tener una vida normal, la que la mayoría de las personas que en su día estuvimos en aquel autobús no hemos vuelto a tener. Esta es mi opinión, pero sé que es también la de la gran mayoría de la sociedad española que se considera demócrata y libre. Ellos deben sentir la misma indignación e impotencia», sentencia.

Los hábitos de este agente cambiaron de manera radical en aquel momento. «Siempre he vivido en Madrid y tuve que trasladarme a una población más pequeña», señala. La obsesión por el peligro le hizo salir durante un periodo de su vida con la pistola cargada a la calle. «Controlaba mucho los bajos de los coches, tanto los oficiales como los particulares. Se convirtió en obsesión», asegura.

El estrés postraumático, una de las secuelas que le dejó la explosión, lo ha empujado a vivir con angustia, sin esperanza, sin futuro. Pero poco a poco, «con la ayuda de mi familia y de la medicación», intenta superarlo, sostiene este agente. El atentado le ha arrebatado la posibilidad de «disfrutar experiencias familiares, que en mi caso he vivido sin ilusión», garantiza. De igual manera, le ha imposibilitado para disfrutar de pequeños momentos como el de leer un libro «por la falta de concentración. En esos instantes no estoy ahí, me vienen imágenes y olores de aquel día», revive el agente.

«Estábamos desamparados»

«Si es tanto el dolor que nosotros sufrimos a kilómetros de él, ¿qué será para las personas que están allí cerca y que lo van a ver haciendo una vida normal cuando ellos son incapaces de poder hacerlo?», se pregunta, solidarizándose con las víctimas de De Juana. Hasta hace unos años los damnificados del terrorismo «estábamos desamparados por parte del Estado hasta que nació la oficina de apoyo a las víctimas del terrorismo de Interior y la AVT, para ayudarnos en nuestros traumas», insiste Félix.

Esta víctima denuncia la excarcelación de De Juana y reclama de «los que pueden legislar que creen leyes más duras para que asesinos de esta índole no salgan a la calle, y más cuando, como en este caso, no han mostrado arrepentimiento. Y no sólo para los terrorista, también para otros asesinos o pederastas», apunta.

Personas como Félix, que tuvo la valentía de ejercer una profesión como la de guardia civil, son «torres fuertes» que por desgracia se desmoronan ante hechos tan duros como el 11-M. «Me afectó tanto que tuve una recaída tremenda», recuerda. Pese a ello, y pese a la «tristeza y pérdida de ilusión», asegura que ni el miedo ni los terroristas le «impedirán seguir ejerciendo su profesión».

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