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EL POSTRE NEOZELANDÉS QUE HOMENAJEA AL BALLET SE PONE DE MODA ENTRE LOS TURISTAS

El merengue danzarín de las antípodas

El merengue danzarín de las antípodas Foto: FLICKR / JAN WILLEMSEN

Kriss Moss

Se denomina Pavlova por una circunstancia de lo más simpático. Resulta que en 1926 la genial bailarina rusa Anna Pavlova estuvo de gira por mi país, y este postre recuerda el color del vestido que lucía tan singular artista, de forma que finalmente se quedó con su nombre y por él es conocido en la actualidad.

Los ingredientes son: ocho claras de huevo, una taza de azúcar glaseada, media taza de almendras tostadas y picadas, una cucharadita de maicena. Para el relleno necesitaremos medio litro de nata montada azucarada, dos melocotones en almíbar troceados, una bandejita de fresas, media taza de zarzamoras, y dos yogures muy cremosos (el griego es el mejor).

Comenzamos vertiendo las claras de huevo en un recipiente, en el que las llevaremos a punto de nieve. Con el azúcar que echemos deberá crecer como merengue. La harina le dará esponjosidad y las almendras el color. Para hacer el nido de la Pavlova dispondremos de una lámina de silicona o molde de unos 40 centímetros de diámetro. Las frágiles paredes del merengue, tras una hora de horno a cien grados, se volverán tan fuertes como deseamos. En este punto, lo dejamos reposar toda la noche con el calor de un horno apagado.

A la mañana siguiente ya podremos separar el molde, y entonces se monta la nata y se agrega el yogurt. El toque maestro viene cuando se rocía con el melocotón en almíbar, las zarzamoras y las fresas troceadas. Ya estará lista para degustar.

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