Catedrático emérito de Farmacología
Joan-Ramon Laporte: «A la industria solo le interesan los fármacos que ni curan ni matan»
En su libro 'Crónica de una sociedad intoxicada', apunta las claves para acabar con el consumo «acrítico de fármacos»
El experto en farmacovigilancia acusa a los estados de dejar el control de la sanidad en manos de la industria farmacéutica
Alertan sobre el abuso en el consumo de medicamentos

Afirmar que «el colesterol es bueno para la salud, sobre todo para las personas mayores», que «muchas de las publicaciones científicas son inventadas» o que «ir al médico es un factor de riesgo» es una provocación que atenta contra las bases de nuestro sistema ... sanitario. Al catedrático emérito de farmacología Joan-Ramon Laporte (1948) no solo no le tiembla la voz al aseverarlo sino que, además, trata de argumentarlo con pruebas en su libro 'Crónica de una sociedad intoxicada' (Editorial Península), publicado el 20 de marzo y con el que pretende, según dice, «explicar a la gente qué intereses se mueven detrás del consumo masivo de medicamentos» y «acabar con el uso acrítico que se hace de ellos».
«El mismo medicamento que cura te puede matar», asegura este 'pope' de la Farmacología, que creó en Cataluña lo que puede considerarse como el embrión de la Agencia Española del Medicamento (Aemps) y que ha sido asesor de la OMS y otras instituciones internacionales.
Laporte advierte de que los efectos adversos de los fármacos causan 16.000 muertes al año en España, las mismas que el alzhéimer, y acusa a los Estados de mirar hacia otro lado cuando «se exageran enfermedades para que millones de personas sanas sean convertidas en pacientes que toman medicamentos que no necesita».
-En los últimos 20 años el consumo de fármacos se ha duplicado en los países desarrollados, pero eso, según apunta en su libro, no ha supuesto una mejora de la salud de la población. ¿Qué receta expide para desintoxicar a la sociedad?
-Es muy difícil dar una receta porque el consumo abusivo de medicamentos expresa las esperanzas de una sociedad sobre las tecnologías respecto a la salud. Y la salud depende muy poco de las tecnologías y mucho más de los factores sociales. Cuando miras el consumo de medicamentos ves que los pobres consumen cuatro veces más que los ricos, las mujeres ocho veces más que los hombres y la gente mayor ocho veces más que los jóvenes. Esto refleja algo que va mucho más allá de la pura enfermedad, es un malestar social. En mi libro propongo unas medidas: seleccionar los medicamentos que usa el sistema sanitario en función de su efectividad, seguridad y precio; que el sistema sanitario tenga un sistema de información sobre los medicamentos que sea propio, que no sea la información que da la industria, y que el sistema sanitario tenga la formación continua de los médicos como algo importante. También hay que cambiar el sistema. El médico tiene una media de diez minutos por paciente y lo fácil es el recurso de la pastilla en lugar de hablarle de dietas o preguntarle cuáles son los problemas que no le dejan dormir.
-¿La culpa de todo la tiene la industria farmacéutica?
-La industria hace su trabajo, lo que debe haber es un Estado que la regule y que la regule de manera efectiva para proteger la salud de los ciudadanos. Un mismo medicamento te puede curar y matar, pero a la industria solo le interesan los que ni curan ni matan.
-Usted dice que escribió este libro durante la pandemia para explicar a la gente cómo funciona el mercado de los medicamentos. ¿Está regulado con garantías para los pacientes?
-Es un mercado muy atípico. En el caso de los medicamentos no hay una ley pura de oferta y demanda. Hay un vendedor puro que es la industria y tres compradores: uno, el médico que decide el consumo pero ni paga ni consumirá; otro es el paciente, que no decide el consumo, no paga o paga poco, pero sí consumirá y padecerá las consecuencias; y otro, el sistema de salud, que no decide la prescripción, no consume pero paga, y eso somos todos los ciudadanos que pagamos con nuestros impuestos. En los centros de salud tienen libre entrada los representantes de los laboratorios farmacéuticos, los médicos son los que compran una materia prima para hacer funcionar el sistema sanitario, y en ninguna empresa convencional permitirá que el departamento de materias primas recibiera nada de los que se las venden, que tengan una relación irregular. Hay un escenario que prepara al caos, porque no hay los elementos básicos de la economía de mercado.
«Los efectos adversos de los medicamentos causan 16.000 muertes al año en España, como el alzhéimer»
Joan-Ramon Laporte
Catedrático emérito de Farmacología
-Usted habla de una epidemia silenciosa de efectos adversos de los medicamentos....
-Efectivamente. En España los efectos adversos de los fármacos causan más de medio millón de ingresos hospitalarios y unas 16.000 muertes al año, casi las mismas que el alzhéimer.
-¿Qué parte de responsabilidad tienen los médicos?
-Yo no culpo a los médicos, ellos actúan según las prioridades de la organización en la que trabajan. Es el sistema sanitario español y de todo el mundo, es un fenómeno global, que ha pasado de tratar a gente enferma, a tratar gente sana diciéndoles que están enfermos. Los médicos hacen lo que hace su organización.
-¿Son mejores los medicamentos nuevos?
-No necesariamente. Cuando trabajaba en el Hospital Vall d'Hebron de Barcelona lo que nos preocupaba como servicio de farmacología clínica era que el efecto novedad no influyera de manera subrepticia en la mentalidad de los médicos. Tendemos a pensar que un móvil o un televisor nuevo es mejor, eso no pasa con los medicamentos. Un medicamento nuevo no es mejor que los anteriores necesariamente, podría serlo, si se ha comparado con otro en un ensayo clínico y haya salido que es mejor.
-En su libro usted reclama que el sistema coja el timón de la formación de los médicos, ¿quién la controla?
- No hay ninguna institución dentro del sistema sanitario público que se encargue de la formación de los médicos, los colegios de médicos, tampoco se encargan. La mayoría de los cursos de formación (cursos acreditados) son organizados por la industria farmacéutica para presentar nuevos productos. No conozco ninguna empresa convencional privada donde se deje que la gente que compra las materias primas tenga relaciones promiscuas con los que le venden las materias primas.
-Usted desmonta muchos mantras. Dice, por ejemplo, que el colesterol es bueno para la salud y que no hay un colesterol bueno y malo. ¿Es consciente de que estas afirmaciones rompen con todos los mensajes que desde hace años lanzan las autoridades sanitarias? ¿Qué deberá hacer, a su juicio, un paciente que va a la consulta de la del médico y le dan pastillas para prevenir el colesterol?
-Ir al médico es un factor de riesgo, cuánto mayor eres más cosas te encuentran. Que te miren el colesterol también es un factor de riesgo. El colesterol es bueno, y especialmente para las personas mayores. Es esencial para la vida: es un componente clave de las vainas de mielina que protegen las neuronas, necesario para la síntesis de las hormonas sexuales, la cortisona, los ácidos biliares que ayudan a digerir las grasas, y otras hormonas y componentes de las células.
-¿Le interesan los antibióticos a las farmacéuticas?
-No les interesan porque no les producen beneficios. Los tratamientos no duran más de una semana y a ellos les interesan tratamientos de por vida. Les interesan más clientes para toda la vida como los pacientes que requieren medicamentos para el colesterol o la hipertensión. Los productos que curan matan el mercado, como dice Goldman Sachs.
-¿Qué debe preguntar el paciente al médico que ahora no pregunta?
-Cuando le prescriben un fármaco. Debe preguntar si es estrictamente necesario, cuánto ha de durar el medicamento, si la dosis que le da es la adecuada (todos los medicamentos están sobre dosificados), y si no interferirá con los medicamentos que toma. Y si es un nuevo medicamento, debe preguntarle: ¿Por qué a mi doctor? Con el nivel de fraude industrial que hay, el principal factor de confianza de un nuevo medicamento es la experiencia de uso.
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