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Una psicóloga denuncia que «el lobby trans manipula a los niños como una secta»

Carola López Moya protagonizó el primer expediente abierto en España por un tuit considerado tránsfobo. Se archivó

Amelia Valcárcel: «Gobernar contra las mujeres no es posible y la coalición nos ha faltado al respeto»

La psicóloga Carola López Moya posa en el parque del Retiro, en Madrid ISABEL PERMUY
Érika Montañés

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Mientras la psicóloga sevillana Carola López Moya firma ejemplares de 'La secta. El activismo trans y cómo nos manipulan' (Ed. Deusto) en la caseta número 217 de la Feria del Libro de Madrid, la agrupación de familias de adolescentes con disforia acelerada Amanda solicita que no se vote a los partidos que facilitan la autodeterminación de género, esa misma que han propulsado PSOE y Unidas Podemos a través de la 'ley Trans'. Las familias de Amanda, que se resistían a ver en sus hijos un trastorno que se arregle con cirugía reconstructiva de los genitales y bloqueadores hormonales, contactaron con López Moya después del encontronazo de esta mujer con los internautas por opinar que «las mujeres trans son varones». Las familias la respaldaron.

Hoy López Moya se reafirma.

—¿Y los hombres trans son mujeres?

—Cien por cien. Sin excepciones.

Ella fue la primera persona perseguida por un tuit de «odio tránsfobo» en España, después de ser denunciada por varias entidades ante la Junta de Andalucía, que le abrió en 2021 un procedimiento sancionador bajo la acusación de que promovía terapias de conversión para personas transexuales. Ella también había manifestado en sus redes que «las cirugías de reasignación del sexo son un negocio que se lucra del malestar que produce el género». Fue una «auténtica cacería», a su juicio, por expresar un argumento propio.

El expediente fue archivado, pero esa acusación de haber cometido un delito de odio le llevó a investigar y aseverar que «el activismo trans manipula y adoctrina a los niños desde las escuelas». O estás con ellos y sus dogmas, o contra ellos y entonces te lapidan, viene a referir. «Te hacen sentir culpable, miedo o ansiedad e intentan blanquear esta conducta», apercibe.

«No es una cuestión política», defiende

Para mí, «se llegaron a pedir 120.000 euros de multa y la inhabilitación como profesional durante varios años», se duele, pero es que «en Irlanda por una causa similar llegaron a pedir pena de cárcel». Incluye dentro de la corriente políticamente correcta con el colectivo transexual a todo el arco parlamentario. «Todos los partidos han aprobado alguna ley de este tipo, autonómica o estatal. Es un colectivo, un lobby que ha convencido a los partidos por la puerta de atrás. No es una cuestión política», reseña.

Hay familias que están denunciando un peligroso «contagio social» de sus hijos, que los jóvenes se hacen trans «por moda»... «Llamarme terf o tránsfoba también es una forma de cosificarme; no están agrediendo física, verbal y jurídicamente si no pensamos como ellos», dice.

¿Cómo actúa?

¿Cómo actúa esta 'secta'? «Adoctrinan a los jóvenes en contra de sus padres porque les dicen que sus familias no están respetando su verdadera identidad de género. Intentan disociar a las personas de su realidad orgánica en pos de un ideal, que en este caso es la identidad de género. Las motivaciones están siempre basadas en el sexismo», se explaya.

En los últimos tiempos asistimos al afloramiento de la Literatura en contra de posicionamientos asentados del movimiento 'queer'

En los últimos tiempos asistimos, no obstante, al afloramiento en la Literatura de numerosos libros en contra de estos posicionamientos asentados del movimiento 'queer'. Sin ir más lejos, en 'La secta', López Moya analiza cómo se ha transformado en una nueva religión que enriquece a demasiadas personas como para frenarlo. En Estados Unidos, donde nació, las clínicas reconstructivas crecen a velocidad de crucero y se calcula que compañías multinacionales como las farmacéuticas llegarán a ingresar 1,5 millón de dólares por cada víctima en su vida, cuando complete el proceso de reasignación del sexo.

Además del ingente caudal de dinero que hay en juego, prosigue la autora, esta secta de transactivismo se sirve de la persuasión coercitiva, la propaganda, la censura y las promesas de salvación a personas tan vulnerables consigo mismas y con sus cuerpos como son los adolescentes. Pero los efectos –atrofias, mutilaciones– son algo más que notables, son del todo irreversibles.

Esta psicóloga sostiene que si un joven está a disgusto con su cuerpo, o tiene una anomalía del desarrollo sexual, lo lógico es ayudarle a aceptarse con la mínima invasión posible a través de la terapia, aunque para muchos seguidores de la doctrina 'queer' esta reflexión equivalga a promover un delito de odio «tránsfobo».

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