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La amiga más cruel

El suyo fue catalogado como el «crimen perfecto», pero su sofisticado plan se vino abajo. Ha sido condenada a 22 años

La amiga más cruel efe

janot guil

Se etiquetó periodísticamente como «crimen perfecto». Se aludía así a la historia de María Ángeles Molina, «Angie», la mujer de Barcelona acusada de matar en 2008 a una amiga y excolega de trabajo —Ana Páez—, a la que previamente suplantó para contratar préstamos y seguros de vida, y simular que falleció asfixiada en un peligroso juego sexual. El pasado lunes, la Audiencia de Barcelona condenó a 22 años de cárcel a «Angie» . Ya no más «crimen perfecto», a menos que el verdadero culpable no sea la condenada. «La prensa la condenó antes del juicio, pero ella dice que es inocente y yo pienso que no lo hizo; creo que es un tema terriblemente dudoso...», dice su abogada, Carmen Gómez, quien subraya por ejemplo que la sentencia tiene un voto particular del magistrado Pedro Martín, que censura que no se analizaran los restos biológicos hallados bajo las uñas de la víctima. Así que la letrada apela al principio de «in dubio pro reo».

El tribunal consideró probado que la acusada, suplantando a la víctima, simulando ser ella —con pelucas— y sirviéndose del DNI y datos que consiguió fácilmente al ser jefa de Recursos Humanos en la empresa en que trabajaban ambas, contrató en persona varias pólizas de crédito y seguros de vida a su nombre. Por un valor total de 942.000 euros . Comenzó a hacerlo dos años antes del crimen y puso como beneficiaria a una mujer, ajena al plan delictivo, cuyo DNI fue hurtado por «Angie».

El día de autos, el 19 de febrero de 2008, adormeció a la víctima con algún tóxico —no hallado en el cadáver—, la asfixió con una bolsa de plástico y depositó en su vagina y boca restos de semen de dos gigolós a los que recurrió días antes para que eyacularan en un bote.

Toda una estrategia que invita a ver a la acusada con una personalidad maquiavélica, patológica incluso. « Me parece una persona normal. Con los mismos miedos que cualquiera a la hora de enfrentarse a un juicio. No tengo argumentos para decir que es fría, calculadora, psicópata», replica su abogada. Gómez asumió la defensa de «Angie» el pasado 10 de enero, cuando la acusada anunció al inicio del juicio que renunciaba a su anterior abogado. Se interpretó como una maniobra para aplazar el juicio y lograr que antes de la sentencia expirara el periodo máximo de cuatro años de prisión provisional. No le salió bien: el tribunal dejó en suspenso el cómputo de prisión provisional y se señaló juicio para el 20 de febrero.

Durante la vista, en su declaración, «Angie» dio una imagen de persona imperturbable, bellamente marmórea. «La ley dicta que las partes y acusados en estrados no harán ni signos de aprobación o desaprobación», alega su letrada. Pero nos referimos a síntomas de debilidad, de derrumbe. « Yo soy la primera que está en desacuerdo con que mi cliente mueva una pestaña . Se lo dije: “con entereza y sin ninguna señal de aprobación o desaprobación”. Luego, cuando se le notificó la sentencia en el calabozo, fue un mazazo», explica.

Recibe cartas de apoyo Sobre el carácter de «Angie» su entorno guarda silencio. Su única hija, menor cuando se produjeron los hechos y ya estudiante universitaria, defiende la inocencia de su madre, pero se mantiene alejada de los periodistas. El empresario Miguel Ribé, pareja de hecho de la condenada cuando el crimen, tampoco se presta al comentario público. En la cárcel, en Brians I, según ha podido saber ABC de fuentes judiciales, «Angie» es disciplinada, participa en las actividades grupales, trabaja en el economato y prepara su acceso a la universidad. Su abogada nos revela que lee, entre otras cosas, decenas de «cartas de apoyo» que recibe.

El envés de esta imagen impoluta cabe buscarlo en la información que consta sobre ella en algunos informes psicológicos y criminológicos que se le han hecho durante su presidio. En ellos, los técnicos hacen constar que Ángeles usa su «encanto superficial, pero efectivo» para su utilidad personal. Según estos informes, ha sabido crear una amplia red de relaciones útiles entre las internas del centro. Ha establecido lazos afectivos e incluso se especula que podría haber encontrado novio entre los reclusos masculinos.

En cuanto a su personalidad, los técnicos hacen constar el «escaso efecto intimidatorio de la pena» que acusa «Angie», lo que les lleva a sugerir que podría tener que ser tratada ante su reinserción. Un diagnóstico que esboza el retrato de una mente psicópata . Con todo, a menos que su recurso al Tribunal Supremo prospere, la amenaza estará atrapada entre rejas muchos años.

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