¿Se puede aprender chino en ocho meses?
La empresa española 8belts.com ha desarrollado un método que asegura que sus alumnos consiguen hablar el idioma fluido en menos de un año. Las escuelas tradicionales recelan, les suena a «cuento chino»

«Yo sé kung-fu», decía Neo en la primera parte de Matrix. Y esto es lo más parecido a cuando en la película aprendían una habilidad cualquiera al instante sin conocimiento ni experiencia previa, descargándoselo directamente por unos cables al cerebro. Pero sólo con el idioma chino, en ocho meses y con escasos treinta minutos diarios. «No hay ejercicios, no hay gramática, no hay lecciones, no hay profesores, ni siquiera aulas,... no hay exámenes. Se ha dicho que con este método ( 8Belts.com ) hay un antes y un después en la enseñanza de idiomas en el mundo», explica el creador del sistema, Anxo Pérez, un joven emprendedor gallego cuya transmisión de confianza en el invento va incluido en la oferta de su empresa: «Por 756 euros hablas chino en ocho meses, si no lo consigues te devolvemos el dinero». Hasta Google se ha interesado por este proyecto, que comenzó en 2011. Pero ¿que significa rigurosamente ese «aprender chino»?, ¿chapurrear o debatir con soltura sobre temas variopintos?, ¿qué nivel se puede alcanzar en tan poco tiempo?
«No vas a poder dar discursos en chino ni vas a ser un experto en el idioma», responde Pérez, pero «podrás mantener una conversación en chino con un nativo sin hacer uso del español y del inglés en una hora, con fluidez y corrección», concreta. Preguntado a Wang Tang Lee, director del departamento de chino de la Escuela Oficial de Idiomas Jesús Maestro , sobre si le parece factible esto, contesta divertido: «Suena a cuento chino». Y extrapolado a otros idiomas, Christina Anastasiadis, de la International House de Madrid, no lo ve probable tampoco. «Aprender un idioma no es sólo limitarse a un guión concreto, siempre nos salimos del guión».
Pero conozcamos con más profundidad el proyecto de Pérez, recientemente seleccionado como uno de los más innovadores para Deloitte del pasado año , y que a los escépticos les pide: «No nos crean, permitan demostrárselo». El sistema se fundamenta en el método 80-20, que se refiere a que según ellos el 20% de un idioma se usa el 80% de las veces en un diálogo. Tras un mapeo y jerarquización de la información (que representó una parte importante de los cuatro años, de las 35.000 horas según Pérez, que tardaron en desarrollar el método) llevaron a cabo «una rigurosa selección de los términos y las expresiones que se usan con mayor frecuencia y se combinan de forma fácil, lo necesario e imprescindible para mantener una conversación en chino».
¿Cómo surge la creación de este sistema? Pérez, que es un profesional dedicado a la interpretación y traducción multilingüe (sabe ocho idiomas, ahora se ha puesto con el ruso), estaba apuntado a una academia de chino e incluso había viajado al país asiático varias veces, pero no quería dedicarle tantos años para aprenderlo. «El método lo creé para mí, era mi octavo idioma y no estaba dispuesto a perder tres o cuatro años para aprenderlo. Yo quería resultados rápidos», dice, para lo que su bagaje vital le permitió aspirar a tal pretensión. «Yo había recopilado claves en el aprendizaje de los idiomas, veía lo que funcionaba y lo que no. Es fruto de una vida de observación y de cuatro años de trabajo directo. Había una serie de claves que aceleraban el aprendizaje y otras prácticas que lo ralentizaban», afirma.
E importante matiz, 8Belts sólo garantiza aprender a hablar en ocho meses, a escribir y leer también, pero de manera posterior. Wang Tang Lee, sin embargo, cree que aprenderlo requiere mucho esfuerzo, aunque la gramática china sea muy fácil, y apunta que al ser un idioma tonal en ocho meses estos no se pueden dominar. «La misma palabra cambia de significado según el tono, requiere mucha práctica. A lo mejor una conversación muy sencilla...», piensa y se pregunta ironizando si tendrían de ser cierto esto que cerrar su departamento. Marco Vicario, el director del Instituto Iberochino , sin embargo, echa un capote al nuevo método y afirma que «con técnicas adecuadas, en relativo poco tiempo, se puede alcanzar bastante expresividad. No es un milagro», explica, ya que en su propio centro tienen una metodología que también lo consigue, aunque señala que en este tiempo se puede tener buen progreso pero que «hablar de dominar el idioma es excesivo».
«Un idioma no es memorizar y reproducir»
La discusión metodológica está en casi todos los elementos analizables. Por ejemplo, respecto a la necesariedad o no de la inmersión en un ámbito nativo, Pérez cree que «no funciona mejor, de hecho la inmersión funciona inmensamente peor que el método que hemos creado. Tienes una exposición al idioma tan elevado que al final acabas aprendiéndolo, pero no significa que sea lo más eficaz. La tasa de rentabilidad es bajísima». Al contrario, Lee cree que lo ideal es ir a China a practicar, pero es consciente de que no siempre se puede. Y si son treinta minutos con 8Belts, el jefe de chino de la Escuela de Idiomas cuenta el caso de un alumno suyo, que tras dos años en España yendo a su clase, estudiando de cuatro a seis horas diarias y participando en todas las actividades que le planteaban, se fue a China becado... para seguir perfeccionando el idioma, durante varios años, hasta que ahora trabaja en la embajada como traductor. Y para rizar el rizo, el embajador español en China, Eugenio Bregolat, ¡es alumno de 8Belts !
«Aprender un idioma no es como estudiar historia, no es tragarse un libro de gramática y ya está, no es memorizar y reproducir, es un proceso cíclico. Un año das el presente y el próximo lo vuelves a repasar, a profundizar, vas cogiendo confianza», opina Anastasiadis, que cree que el sistema puede funcionar para conversaciones cotidianas para diálogos básicos sí, pero ve altamente improbable que puedas hacer una presentación delante de un equipo en el propio trabajo o responder a sus preguntas. ¿Aprender un idioma implica sufrir? «La gente sufre mucho», responde Anastasiadis entre risas, que apunta: «Lo importante es el trabajo, no se aprende por osmosis, y pasa mucho lo de dos pasos hacia delante y uno hacia detrás». Pérez se opone a esta idea, no obviamente a la parte del esfuerzo, pero cree que «el sistema tiene que ser atractivo y adictivo. Nuestro método es extremadamente adictivo, es un juego, es lo que garantiza el éxito y la gente se mantenga motivada».
Puestas sobre el tapete todas las cartas, el turno es (siempre lo fue) del futuro estudiante decidir qué hace. Y si ve este sobrecogedor vídeo de Juanma López Iturriaga , alumno de 8Belts en su cuarto nivel (hay hasta cinco), manteniendo un bastante correcto diálogo en chino, seguro que la tentación por probar se acrecienta. «No hemos podido crecer tanto vendiendo humo», dice Anxo Pérez, que afirma que nunca le han tenido que devolver a nadie el dinero. «Todo puede ser, yo lo dudo. La esperanza es muy remota. El chino tiene casi 5.000 años de historia... Me parece que tiene una finalidad comercial», dice Lee. «Alimentan la idea de que es muy fácil, pero no creo que exista la posibilidad de aprender un idioma sin esfuerzo», piensa Anastasiadis.
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