“El miedo tiene un sabor agridulce. Cuando te pones delante de un toro sientes miedo, claro que sí. Pero al mismo tiempo tienes una sensación de respeto que te lleva a plantarle cara”. Así de rotundo define sus sentimientos ante el novillo Samuel Navalón, novillero de 18 años que ha ganado este año prácticamente todos los concursos a los que se ha presentado. Habla despacio, hilando las frases y armando un discurso perfectamente argumentado a pesar de su recién estrenada mayoría de edad. Y lo hace bajo un aguacero tras encerrarse para entrenar con tres novillos en la finca de la ganadería Quintas en Colmenar del Arroyo.
La afición al toreo le llegó como un juego. A los dos años ya trasteaba en casa con una pequeña muleta y un capote. Su familia lo veía como una rareza porque no había tradición más allá de ser unos aficionados a los toros. Los años pasaban y la afición seguía. Samuel seguía con su capote y la muleta dando pases al viento en Ayora, un pueblo en la frontera entre Valencia y Albacete. A los diez años se plantó ante sus padres y les pidió ingresar en la escuela taurina de Albacete.
Ocho años después ha explotado como novillero, a pesar de la pandemia y una lesión en el hombro. Esta temporada está atesorando premios en los principales certámenes de novilleros de España. Su palmarés en este 2023 es de una superioridad insultante: triunfador del certamen de novilleros de Ciudad Rodrigo (Salamanca), del certamen de Vistalegre (Madrid), del certamen de Bougué (Francia), triunfador de la novillada de la feria de Fallas (Valencia), triunfador de la feria de La Magdalena en Castellón y en la novillada sin picadores de Vic-Fezensac (Francia). A estos primeros puestos hay que añadir el segundo lugar obtenido en el certamen del Zapato de Plata de Arnedo (La Rioja).
Unos éxitos que han llevado a Nemesio Matías a apoderarle para impulsar los pasos del joven novillero hacia el debut con picadores, programado en Almería para el 14 de agosto. Y si todo marcha bien intentar más adelante tomar la alternativa como torero. Un camino complicado y sinuoso en el que nada está escrito y que Samuel es muy consciente que pasa por dos cosas: trabajo y sacrificio.
Mientras sus días se llenan de repeticiones de todas las artes del toreo, Samuel no ha descuidado sus estudios y se ha centrado en los idiomas. Estudia inglés y francés, lo que le ha permitido ganarse al público en las novilladas en las que ha participado en tierras galas. “Tenías que haber visto la cara de sorpresa de la presidenta cuando le brindó en francés la faena en el certamen de Vic-Fezensac”, comenta con orgullo su representante Nemesio Matías.
Trabajo técnico, físico y mental, esos son los pilares de la formación de Samuel. Las hechuras de torero las tiene. Mide 1,80 metros y pesa 60 kilos de pura fibra. La técnica la domina. Enlaza distintos pases frente a los novillos con temple y mando firme. Aguanta la posición a pesar de que el novillo le invade el terreno. Sabe llevar al animal y rematar las tandas con elegancia. La mente también se entrena, pero como comenta el joven novillero, “el psicólogo eres en parte tú mismo, porque eres tú el que con el trabajo y el esfuerzo tienes que estar seguro de tus posibilidades cuando estás delante de un novillo”.
Samuel no duda cuándo le preguntas cómo se ve dentro de una década y, aunque se cubre con prudencia señalando que se marca objetivos a corto plazo, verbaliza su sueño: “Me gustaría estar compartiendo cartel con grandes toreros en las plazas importantes y colocarme como una figura del toreo”. Un objetivo que confía en lograr con esfuerzo y dedicación.
“El mundo de los toros dentro de unas décadas quiero pensar que va a estar igual de vivo que en estos momentos. A la vista está el éxito de público en la Feria de San Isidro en Madrid. Creo que es fundamental que la difusión de los toros sea positiva. Estoy convencido de que al toreo todavía le queda mucha vida por delante”, vaticina el novillero. Y lo argumenta perfectamente: “El torero es una manifestación de cultura popular, nacida desde la base, de la gente. Esa es la clave para que este arte siga vivo, porque tiene mucha historia detrás. Lo que ahora mismo estamos viviendo es el resultado de siglos de evolución. Y eso no se puede borrar a pesar de algunos sectores críticos con la Fiesta”.
Para que la tauromaquia siga cogiendo fuerza, Samuel considera fundamental acercar los toros a las nuevas generaciones, “porque somos los encargados de mantener vivas nuestras tradiciones. La tauromaquia no deja de ser una manifestación cultural que debemos potenciar y cuidar como se merece”.
El futuro está por llegar y Samuel sabe perfectamente que para enfrentarse a él, especialmente en el mundo de los toros, hay que estar preparado. Por eso quiere ir despacio, sin saltarse etapas. El próximo 14 de agosto está señalado en rojo en su calendario, cuando debute con picadores y se mida a animales de más de trescientos kilos. Ese día, el niño de dos años que jugaba con una muleta en la habitación de casa, habrá cubierto una etapa importante hacia su sueño de ser figura del toreo.
«No quiero perder la curiosidad porque como artista hay que renovar la curiosidad proyecto a proyecto»

«La ópera está muy viva. En unas décadas veo los teatros llenos de gente, de jóvenes y de música»

«No puedo pensar en la muerte del libro o de las formas tradicionales, cuando veo gente tan dispuesta a entregar su vida a la cultura y a la literatura»
