crítica de música antigua
Más allá de las palabras
Rafael Ruibérriz, Leo Rossi, Ventura Rico y Alejandro Casal brillaron en un monográfico dedicado a Telemann
Póquer de ases de músicos barrocos sevillanos, este miércoles en Espacio Turina

Crítica de música antigua
'Made in Sevilla'
- Programa: Cuartetos de París y Triosonatas. Obras de Telemann
- Intérpretes: Rafael Ruibérriz de Torres (flauta traversera barroca), Leo Rossi (violín), Ventura Rico (viola da gamba) y Alejandro Casal (clave)
- Lugar: Espacio Turina
- Fecha: 11/01/2022
Hace menos de un año que Rafael Ruibérriz nos traía la primicia de las 'Siete palabras' que Haydn compusiera para la catedral de Cádiz, en la versión de Barbieri, que incluía la presencia activa de la flauta; estas navidades ... aparecía el CD que recogía el evento acompañado, como entonces, de 'La Spagna' de Alejandro Marías y la voz de José Luis Gómez, un CD espléndido en interpretación, madurez y sonido. En noviembre pasado presentó en Cádiz el «hallazgo más importante del repertorio español para flauta del siglo XVIII», las sonatas para flauta de Luis Misón, encontradas casualmente en el archivo de la Casa Palacio de la condesa de Lebrija (Sevilla), que nos presentará en el próximo FEMàS, y que ya piden disco. En abril del 21 nos presentó su grabación de doble CD de los quintetos completos con flauta de Boccherini (músico arraigado en España).
Sirva esta breve introducción para evidenciar la febril actividad del flautista sevillano que compagina con la gestión cultural de la OBS, además de su participación como músico en algunos de sus programas, como este que nos propone y comparte con tres destacados solistas de esta formación. Por no hablar de presentar todo un programa dedicado al imprescindible Telemann; de hecho, no recordamos haber asistido a un concierto dedicado íntegramente a su música.
Por la abundante producción Telemann podíamos pensar que fue repetitiva, pero no fue así. Su secreto estaba en el continuo replanteamiento de sus nuevas producciones y en su gran dominio del color orquestal, debido a que tocaba un sinfín de instrumentos, así que diríamos que los 'comprendía', tanto en su forma de expresarse como en el aprovechamiento máximo de sus posibilidades interpretativas. Por otro lado, nunca escondió su pasión por la música francesa, y por fin pudo desplazarse a París, en donde cosechó un éxito fue tan grande como no había conseguido nunca ningún músico extranjero.
No se sabe si los llamados 'Nuevos cuartetos' (al que pertenece el que cierra el programa) ya los traía de Hamburgo o los compuso en París; pero es seguro que otros cuartetos ya los había publicado en su imprenta hamburguesa con el nombre de 'Quadri' -plural de 'Quadro'-, que es como se los llamaba entonces o, todo lo más, 'Quatuors', en francés; tiempo después se reimprimirían en París, hasta finalmente se fundieron con los anteriores bajo el nombre de 'Quatuors Parisiens'.
En el que abre el programa, el 'Concerto Primo' en Sol mayor TWV 43:G1, los instrumentos marcaron perfectamente los fuertes contrastes entre las 'graves' (pausadas, imponentes) entradas canónicas de cada solista en los tiempos lentos a la explosión también escalonada del rápido que le seguía: escalas vertiginosas que sólo tropezaban con saltos amplios, todo dentro de la 'amabilidad' de la música. Nos sorprendió la velocidad acusada del 'Allegro', que nos dejaba ver el increíble estado técnico de los solistas, pareja a la claridad articulatoria que no se perdió en ningún momento. Sólo dos 'Largos' rompían momentáneamente tanta gentileza, cuya música y solistas hacían parecer que tal desplazamiento anhelante de armonías contraídas acabaría en tormenta. Nada de eso: el tiempo rápido disiparía pronto la tensión. Quantz, gran flautista y compositor, gustaba distinguir 'quadro' de 'cuarteto', otorgando al primero la cualidad de igualar la importancia de los solistas, algo que se vio en el 'Presto' final, donde la imaginativa abundancia de motivos fue distinguida por los solistas con absoluta claridad.
Debemos hacer un nuevo inciso para destacar hasta qué punto llegó la fidelidad a esta idea: los solistas se colocaron en forma de media circunferencia, como amigos que charlan en igualdad de condiciones y, pegado a ellos desde atrás, el clave de Casal con su tapa, naturalmente. Cada uno se oía con absoluta nitidez, con gran equilibrio de cada melodía, intercambiándose constantemente el liderazgo o el acompañamiento. Aún más: nos pareció que Casal traía un clave que no es el habitual, no tan brillante, para no sobresalir. Y aunque su labor de 'continuo' puede aparejar que, por esta condición, parezca adquirir un manto de invisibilidad, sin embargo, fue ese virtuosista y vigoroso sustrato el que permitió sobresalir a sus compañeros, y a la vez le otorgaba a él una relevancia diferente en su dificilísimo trabajo (no crean que descifrar el bajo cifrado es tarea baladí).

La 'Sonata Prima' en La mayor obligaba a un tono más circunspecto, más formal, y desde ahí llegamos al 'Andante', en el que Ventura Rico ofreció un más que expresivo momento de lirismo e introspección, del que también participaron sus dos compañeros de viaje.
Dentro de su 'multiinstrumentalidad', Telemann sentía predilección por la viola 'da gamba' (ya en decadencia) o el clave 'obbligato'. Así se llega hasta la 'Sonata para violín, viola da gamba y clave' en Sol menor TWV 42:g1, en la que desde el principio notamos una relación más estrecha entre los instrumentos solistas debido a la idea que preside gran parte de la obra es 'encabalgar' ambos instrumentos en las secciones imitativas, es decir, sin llegar a esperar de que el otro termine la exposición de su melodía. Esto llegaba al extremo en el segundo 'Adagio', donde este efecto de encabalgamiento lo aprovechaba para jugar con notas altas y tenidas, dibujando una atmósfera de serena intensidad. No hay que decir que la afinidad entre Rico y Rossi también alcanzaba el carácter tímbrico de sus instrumentos, reforzando la sensación.
Y si pensábamos que el cuarteto inicial había sido rápido, el 'Allegro' final de la 'Sonata para flauta, viola da gamba y clave', es decir, donde la flauta sustituía al violín, fue de vértigo, pero nuevamente no como traca final, sino porque verdaderamente se ajusta a su carácter, si ambos instrumentistas tienen la técnica para hacerlo así, que nuevamente demostraron estar en una forma increíble. Pero no fue sólo la velocidad espectacular, fue -como en el caso anterior con Rossi- sino también de complicidad de músicos que tocan años juntos, que se admiran y se respetan y que van todos a una. De Ruibérriz, además de unos dedos prodigios, hemos de sobresalir una vez más la elegancia de su fraseo, la diversidad de su sonido o sus 'ataques', especialmente marcando saltos interválicos o cortando el discurso más plácido.
No cansaremos con más detalles en el 'Cuarteto I' en Re mayor de los 'Nuevos cuartetos', donde todos se volvieron a reunir y sólo sobresalir la impresión de que Casal nos pareció que jugó con la tímbrica de su instrumento mediante la emisión de un sonido más seco, como si quiera evocar el timbre de una tiorba, lo que de ser así desde luego que casaba con el sonido global del conjunto.
En la propina, un tributo obligado al músico sevillano Isidro Albarreal con una obertura francesa, 'El gorrión', con la que ha ganado un concurso de composición y dos premios en Reino Unido. Y luego una propina propiamente dicha, el último movimiento del 'Cuarteto en Mi menor' de los 'Cuartetos de París' de Telemann.
Para una interpretación del programa verdaderamente excepcional se contó con público a la altura: a pesar de que todos tenemos ya una cierta edad, de la gripe y del inicio de otra ola covid, todos vinimos tosidos de casa, no tenemos la costumbre de tirar los móviles al suelo y todas esas cosas que hace la gente que no disfruta de la música.
Finalmente, para una valoración global del concierto asumiremos la que el propio Telemann hizo de los músicos que interpretaron sus cuartetos en París, y que aquí creo que casa perfectamente con la que alcanzó nuestro cuarteto sevillano: «La admirable manera en que se interpretaron los cuartetos merecería una descripción, si existieran palabras para ello».
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