Reloj de arena
Charo González Navarro: se llama Copla
Su vida, desde que atravesó el umbral de la noche, fue como un libro de visitas donde firmaron artistas, toreros, empresarios y mariquitas que la adoraban

Estoy completamente seguro de que, en más de una ocasión, se soñó en lo alto de un escenario, con el cañón de luz sobre su rostro, dibujándole luces y sombras del alma de una canción de León y Quiroga , con un traje de ... rompe y rasga y un mantón de seda filipina. Pero la vida no le concedió ese sueño, aunque la hizo feliz dándole la llave del portón de muchas noches empapadas de arte. Estuvo un año seguido asistiendo a las reuniones de Adelita Domínguez cantando 'Como dos barquitos' para que Charo lo interpretara en su local. Adelita le decía que tenía muchísima gracia y que con ese número se pondría arriba de la bola. Charo es hija de grandes artistas gaditanos que cruzaron sus caminos para que viniera al mundo . Y no hubo más. Luego, Charo se encargó de pedirle al mundo lo que creía que le debía. No pudo ser la Piquer, pero le llaman La Copla . Porque ese fue su primer negocio de copa larga y madrugás infinitas que abrió en Sevilla para cortejar a la fiesta.
En La Copla tocó el piano Dorantes , Farruquito se alegró las pajarillas, María Jiménez se divirtió, Falete cantó para sus amigos y Paco Candela dejó constancia de que sus patillas no tenían nada que envidiarles a las de Curro Jiménez . Su vida, desde que atravesó el umbral de la noche, donde los gatos suelen ser pardos y la realidad se deforma por exigencias de la simulación, fue como un libro de visitas donde firmaron artistas, toreros, empresarios y mariquitas que la adoraban. Aquella chica de ojos claros como el mar de Cádiz y con melena poderosa de rizos sensuales era un referente para el mundillo. Cuando dejó La Copla se hizo cargo en la calle Parras de la bodeguita de Miguel Loreto, La Tertulia costalera, donde se entraba por derecho y se salía de costero a costero. Allí canto la Lole, bailó Pepe Ortega , cantó Luis Amaya , los armaos contaban sus guerras en la Galia de la carrera oficial cuando terminaban los ensayos y los Ariza llevaban por encima de los cables los relatos que los hicieron capaz y capataces. Cuatro años estuvo La Copla entre olores a incienso y anécdotas impagables de los macarenos. Hasta que decidió dar otro salto para instalarse en la calle Betis, donde hace las noches mucho más llevaderas a los clientes de 'Lo Nuestro' y 'El Rejoneo', locales ambos de un conocido empresario nazareno. Al Rejoneo, Charo La Copla, le ha encontrado un eslogan: «Donde vive el arte».
Pero el arte, con Charo, ha vivido por donde ha pasado. En el Rocío, Fermín Bohórquez la paseó con su coche de caballos para luego invitarla a cantar en su casa. Charo iba en vaqueros, recién llegada a la aldea de los irreductibles romeros, y no la dejaron ni cambiarse. Cantó para los señores. Y cuando vio al cuerpo de casa asomarse por un ventanuco de la cocina para escucharla, pidió permiso para ir a donde las ollas despedían aromas de pucheros y carne con tomate para cantarles a la cara un pasodoble a las que tienen que servir. En otra ocasión, también en el Rocío, una buena amiga vallisoletana le pidió que la llevara a una casa de tronío, con fama de cante, baile, juerga y despelote. Por lo que fuera, se despistaron y se encajaron en otra dirección. Le salió al encuentro el hermano del Marsellés, que las invitó a que se quedaran. De buenas a primera, el salón se llenó de artistas y bailaores, con Luis Amaya abriendo el carrusel. Todo perfecto. Pero ¿de quién era aquella casa? Y pronto lo descubrieron. Era un alquiler del Julián Muñoz prepantoja y de un poderoso propietario de una yeguada marbellí. Julián se empeñó en que La Copla le cantara 'Limosna de amores', un título que fue toda una premonición para cuando el exedil marbellí empezó a degustar el pollo a la Pantoja…
Charo ejerce una poderosa fascinación sobre los mariquitas. Es íntima amiga de Falete. Y la noche la ha convertido en la Tita de todos ellos. Les nublaba el entendimiento cuando hacía su número tras la barra de La Copla. Charo se ponía una matilla, una peineta y le daba jarilla a un abanico pericón. Y, a toda voz, cantaba e interpretaba 'Capote de grana y oro'. Hasta la bandera LGTBI se quedaba sin aire. El embobamiento era general. Era frecuente que la Tita tenía que escuchar piropos de adhesión inquebrantable como este: «Charo, tú eres mariquita pero con toto.» En otra ocasión, Miguel Poveda y Esperanza Fernández llegaron a La Copla y Miguel entró en el servicio. Salió como el que sale de una sala del museo del Hermitage, seducido por las lámparas de cristal del techo, con más lágrimas que la despedida de un futbolista. En otra ocasión, también con un servicio de por medio, La Copla tuvo que ejercer todas sus artes diplomáticas cuando una dama llegó a preguntarle si había visto a su marido, un afamado artista. Charo le respondió que lo había mandado por hielo. En realidad, estaba en el cuarto de baño descubriendo el amor con otro artista.
La noche te exige mano izquierda y vista larga. Muñeca de baterista y tantas salidas como El Corte Inglés, donde Charo estuvo trabajando 25 años. Una noche, en El Rejoneo, se dieron todas las circunstancias para una tormenta perfecta. Entró Juan Pantoja con sus amigos; lo mismo hizo Canales Rivera con su grupo, y la guinda la colocó en lo alto de la tarta de las expectativas Fran River a con sus acompañantes. Charo se temió un chaparrón de reproches, un desencuentro de cantina del oeste entre tan apagadas amistades. Pero sortearon la situación con educación y buenas maneras. La Copla no pudo ser la estrella de ningún escenario, pero es la luz que brilla hoy en la escena siempre sorprendente de la noche sevillana, donde es completamente feliz…
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