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Rafael Medina, duque de Feria: el gran acusado aristócrata
Hace treinta años, la atención del país se volvió por completo hacia la Audiencia de Sevilla, donde se juzgaba al duque de Feria por delitos para los que el fiscal le reclamaba 31 años de cárcel
A primeros de 1994, hace justo treinta años, en España se hablaba de las contrapartidas al nacionalismo catalán después de las elecciones del año anterior, del bloqueo en la renovación del Consejo del Poder Judicial, de los vocales en el consejo de administración de Televisión ... Española y de las pensiones del futuro, muy comprometidas de no mediar una corrección del gasto público. Nada nuevo bajo el sol.
Sin embargo, la última semana de aquel febrero, todos los ojos de la nación se volvieron hacia Sevilla, donde daba inicio la vista oral del juicio contra el duque de Feria, Rafael Medina y Fernández de Córdoba, cumpliendo prisión provisional desde el 6 de marzo del año anterior acusado de cinco delitos (dos de rapto, dos de corrupción de menores y uno por tráfico de drogas) por los que el fiscal le solicitó 31 años de cárcel.
Era el gran acusado aristócrata, parafraseando el sintagma nominal que había hecho circular Tom Wolfe en su novela 'La hoguera de las vanidades', publicada en 1987, para referirse a un procesado que se salía de los estándares delictivos habituales. Medina era grande de España y había estado casado con Naty Abascal, modelo de alta costura y árbitra de la elegancia. La sordidez de las acusaciones contra él avivaba todavía más la curiosidad.
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El juicio había disparado la avidez informativa batiendo todas las marcas, tan sólo superado por la primera vista oral contra Juan Guerra, con cuarenta periodistas acreditados para seguir el proceso público contra el duque de Feria y tres mujeres, una de ellas la madre de la pequeña a la que había fotografiado desnuda en la bañera de su domicilio. Estaban citados hasta 35 testigos.
Sólo se podía filmar o fotografiar los primeros minutos del juicio con planos de los acusados serían de espaldas. Como era previsible, el acceso fue tumultuario y se prohibió el acceso con grabadoras. «La entrevista más personal que ha ofrecido, de la mano de Jesús Quintero», rezaba la publicidad de Antena 3 anunciando la emisión en horario de máxima audiencia al día siguiente de iniciarse la vista. Ese mismo día había declarado en el juicio que recurría a «cocaína mezclada con ingentes cantidades de alcohol» para paliar la soledad que sentía tras su separación matrimonial y la muerte de su padre.
Viernes de Dolores
Transcurrieron tres semanas desde que se declaró visto para sentencia hasta que el tribunal lo condenó a 18 años de prisión
El juicio quedó visto para sentencia el 4 de marzo, justo al año de cumplirse los hechos que habían dado pie a la detención del aristócrata sevillano en su apartamento de la plaza de López Pintado (hoy Jesús de la Redención). Tres semanas después, el viernes de Dolores, 25 de marzo, el tribunal emitió fallo condenatorio de dieciocho años de cárcel contra el duque por corrupción de menores, narcotráfico y secuestro. En 1998, el Tribunal Supremo rebajó la pena a nueve años de prisión y pudo salir en libertad condicional tras haber cumplido más de tres cuartas partes de la condena. Pero nunca se repuso de todo aquello.
Rafael Medina y Fernández de Córdoba murió solo en su cama de un fallo cardiaco el 5 de agosto de 2001.
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