sucesos
Un enfermo mental mata a la madre en su casa de Nervión y se entrega a la Policía
Fue detenido e ingresado en el Virgen del Rocío. Horas antes del crimen estaba en una cafetería cercana a donde solía ir. Dijo que su madre «quiso meterlo donde los locos pero no había sitio»
A medida que iba abriendo la mañana de ayer se corría la voz por la calle Rico Cejudo y comercios aledaños de Nervión.
Luis, un hombre de 34 años de edad que muchos cariñosamente llamaban Pacho, había matado a su madre de madrugada con un cuchillo en la casa donde ambos vivían y después él mismo llamó a la Policía.
La conmoción y tristeza, «porque el muchacho era buena gente pero estaba mal de la cabeza » no evitó algunas reflexiones de conocidos que se veían venir lo que iba a pasar «ya que el problema es que no hay donde meter a estas criaturas».
En la puerta del bloque, en el número 17 de dicha calle, esos eran los comentarios que se hilvanaban con las palabras de admiración hacia la «pobre Teresa, una mujer estupenda, elegantísima, de buena familia» y de unos 65 años de edad que «se había quedado viuda» y que «no podía hacer más de lo que hacía con el hijo», según los vecinos.
De madrugada
El suceso debió originarse en torno a las cinco de la madrugada, hora en que algunos vecinos oyeron ruido y gritos y d ebió ser con un arma blanca , según la versión de los residentes de la zona, ya que la Policía Nacional no ha facilitado pormenores del asunto.
Eran muchos los años que el hombre, de complexión más bien fuerte, «guapito de cara» y «siempre vestido correctamente y aseado», llevaba padeciendo una enfermedad metal que los vecinos denominan esquizofrenia.
«Tenía buen carácter y siempre saludaba —decían ayer— pero últimamente estaba raro».
En cuanto a su relación con la madre todo hace pensar que no era buena , a juzgar por el relato de la muchacha que va a limpiar a la casa y que no pasó por alto las discusiones que tenían los dos.
La asistenta llegó a primera hora de ayer e intentó abrir la puerta pero depuso su actitud por el precinto policial y entonces llamó a la hija de la víctima para decirle que su hermano había matado a la madre.
También y eso era un rumor del barrio en una ocasión, ante la desesperación con la que vivía, Teresa denunció al hijo pero luego retiró la denuncia.
De las tortuosas vivencias con su madre hablaban a mediodía en una cafetería cercana donde Luis solía ir. Horas antes de cometer el crimen, el miércoles sobre las diez de la noche estaba allí y había días que se le veía a las dos y media de la madrugada dando vueltas por el barrio buscando un bar abierto.
A pesar de que era educado y nunca mostró agresividad con nadie, el hombre sí incomodaba mucho a la clientela «que ha bajado considerablemente por la actitud que mostraba».
Incomodaba a clientes
«Era incómodo —contaban en el bar— y se quedaba mirando a la gente de una forma fija o se iba de sillón en sillón haciendo cosas raras. Fíjese que se tomaba hasta ocho batidos de una vez y luego un cubata y después un café y luego una cerveza, y cosas de no estar bueno de la cabeza... Es que no lo estaba y claro tampoco podíamos denunciarlo porque no hacía nada malo pero había que tener cuidado con él ». En una ocasión a una empleada de la cafetería la tuvieron que despedir porque le daba miedo quedarse sola con él y la dueña tenía que quedarse con ella en el negocio»,.
Entre otras cosas que contaban ayer era que Luis tenía un gasto medio diario de 15 ó 20 euros en la cafetería «que dígame usted a mí quien se puede permitir ese lujo todos los días y en bebidas», comentan en el establecimiento. Un comentario de Luis que llamó al atención de los asiduos al bar fue en una ocasión en la que dijo que «mi madre ha llamado a donde están los locos para meterme a mí pero no había sitio».
Efectivamente, en la actualidad en la red pública sanitaria no hay asistencia continuada para los enfermos mentales crónicos , desde que desaparecieron los manicomios.
No se les hace seguimiento
Los expertos en Psiquiatría Jaime Rodríguez Sacristán y Javier Criado, coinciden en señalar, a preguntas de ABC, que este tipo de enfermos se ingresa cuando tienen una crisis pero luego no se le hace el seguimiento debido por falta de medios .
«Hay unidades de día —dice Rodríguez Sacristán— pero— carecemos de centros pensados para la cronicidad. Se echa de menos este tipo de instituciones en un estadío intermedio entre el manicomio con tanto hacinamiento y tanta marginalidad y la atención que hoy día recae en los familiares ».
Javier Criado añade también que hay que hacer un seguimiento sobre todo porque cuando un enfermo así «se descompensa y no se controla la peligrosidad se multiplica».
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