Crítica de 'Marco' (***): El bolero de Enric
Viene a señalar que el fin no limpia los sucios medios, que un embustero se deshonra a sí mismo y a su hipotética causa, que un farsante es un farsante y que nuestros políticos de mando y cabecera mejor que no vayan a verla

Un documental sobre este personaje, Enric Marco Batlle, y la novela biográfica que escribió Javier Cercas con el título de 'El impostor' preceden a la película que ahora firman Aitor Arregi y Jon Garaño sobre este curioso y mentiroso tipo que rediseñó su vida pasada ... para situarse como activista contra el franquismo, exiliado anarquista, superviviente de los campos de concentración nazis y varias 'medallas' más que le permitieron, con labia y dedicación, ser secretario general de la CNT en Cataluña y presidente de la Amical de Mathausen en España, y dar conferencias como testigo de los campos de concentración y hasta recibir la Cruz de Sant Jordi de manos de, precisamente, Jordi Pujol.
La verdad es que, en España, labrarse un pasado antifranquista ha sido un deporte nacional desde el 21 de noviembre de 1975, con lo que las 'bolas' de Enric Marco no eran más que unos copos de nieve en la gran nevada, y los guionistas y directores cuentan al detalle toda la operación de maquillaje de Marco durante medio siglo pero con un cierto subrayado humano, su parte de sombras y su parte de luz, su camino entre el hombre sencillo que era y su facilidad para travestirse en víctima, superviviente, sufridor y en infatigable luchador por 'la causa'.
La narración de la vida ficticia del personaje, su laboriosidad y sus trajines por sostener el chiringuito existencial de su impostura le da mucho recorrido, entretenimiento e intriga a la historia, y resulta muy interesante el intento por descubrir en él las motivaciones, muy bien sugeridas por la cámara, desde ese natural 'darse importancia' en los que apenas la tienen, hasta una enfermiza obsesión por ser escuchado de quien intuye su insignificancia. Un buen trabajo de captura exterior (el modo en que, poco a poco, con sigilo, se va adornando su pasado en su propia familia y en la sociedad) y de captura interior (la personalidad, los porqués de su obsesión, la convicción de que su trabajo era grande y honrado en comparación con el beneficio que podía darle…).
Y para capturar todo eso, forma externa y fondo interno, Arregi y Garaño le encomiendan la dirección de esa empresa a Eduard Fernández, un actor impresionante para transmitir al tiempo lo más sencillo y lo más complejo, un prodigio de ductilidad y que se amolda al entorno con la precisión del agua. Interpreta al personaje en varias décadas de su vida y se acomoda físicamente a los pasos del tiempo, y no solo por el excelente trabajo de maquillaje en su rostro, sino también por los detalles de contorno, movimiento, andares, traza física…
Y tiene una gracia especial imaginar a un tipo como Enric Marco, que vivió durante los viejos tiempos de dichos como 'se coge antes a un mentiroso que a un cojo', en esta época en la que lo auténtico es sospechoso, la temporada de las verdades falsas y las mentiras aceptables, ahora que el bulo y el barro son el alimento preferido. Y 'Marco', la historia de un bolero, un impostor, un pícaro, viene a señalar algo muy en boga, que el fin no limpia los sucios medios, que un embustero se deshonra a sí mismo y a su hipotética causa, que un farsante, le crea quien le crea, es un farsante, y en fin, que nuestros políticos de mando y cabecera, tan boleros, mejor que no vayan a verla.
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