Eternite (**): Padres, hijos nietos.. y así
Película doblemente exótica y rodada con muy buen gusto
Película doblemente exótica, pues su director, el vietnamita Tran Anh Hung, autor de un cine climático como «El olor de la papaya verde» o «Tokio Blues», recrea una h istoria romántica y novecentista entre personajes de varias familias de la alta burguesía francesa y que se desarrolla durante varias generaciones de amores, matrimonios, nacimientos, contratiempos, dramas y situaciones concentrados exclusivamente en ellos, un universo cerrado en el que apenas se filtran aires de fuera: el mundo dio muchas vueltas y revueltas en ese espacio de tiempo, pero no se abren ventanas a ellos en el argumento.
Está rodada con muy buen gusto en la ambientación y en el tono de personajes y actuaciones, que se van sucediendo en la trama familiar, vista esencialmente desde una perspectiva femenina y de la que tiran tres actrices de encanto, Mélanie Laurent, Audrey Tatou y Bérénice Bejo, que asisten a sus vidas, cargadas de hijos (las fotos familiares hay que hacerlas en panavisión para que quepan) y de tragedias que van minando los bordes de la foto. No produce grandes temblores emocionales, aunque viene a explicar la vida a largo plazo, la suplantación emotiva por generaciones y de que la idea de eternidad en nuestra especie consiste tanto en irse como en venir al mundo. Schwarzenneger no lo hubiera expresado mejor.
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