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ABC Cultural

«El efecto Iguazú» revive en la Seminci la acampada de Sintel en la Castellana

Joan Pere Ventura ha llevado a la gran pantalla «la solidaridad y la supervivencia» de las 1.800 personas que ocuparon el centro de Madrid durante seis meses

VALLADOLID. Seis meses resumidos en 90 minutos de metraje. Es «El efecto Iguazú», la película-documental que se estrenó ayer en la sección Tiempo de Historia de la Seminci y que revive la multitudinaria acampada que realizaron en plena Castellana los trabajadores de Sintel para tratar de mantener sus puestos de trabajo, algo que hoy en día aún no han conseguido.

Dirigida por Joan Pere Ventura y guión de Giorgina Cisquella, dos habituales de Televisión Española, la primera proyección contó con la presencia de unos 30 afectados que residen en Castilla y León, que recordaron tiempos no muy lejanos con sus ya inconfundibles chaquetones azules.

La idea del filme surgió casi sin querer. «Con los reportajes diarios, nos dimos cuenta de la dimensión del acontecimiento, de cómo estaban organizados, del sentido del humor que se transpiraba... y veías que había una lucha seria y de una gran dignidad», comenta Pere Ventura, quien grabó 80 horas de imágenes y tardó casi un año en seleccionar y dar sentido a una historia en la que, según Georgina, «apenas hay voz en «off», pero sí entrevistas sobre el conflicto que muestran cómo sobrevivieron, cómo construyeron casi una ciudad hasta que la gente les aceptó como parte del paisaje».

Los responsables de la película destacan la colaboración por parte de los trabajadores, «que incluso grababan imágenes a las que nosotros no podíamos acceder» y la «implicación» que se produce «por un contacto tan continuado», lo que desembocó «en una gran emoción recíproca el día que se levantó el campamento». En su opinión, «el filme es una metáfora de un momento económico en el que uno puede estar tranquilo en su trabajo y de repente te puedes ver en la calle», pero por encima de todo «la película refleja la solidaridad que se generó durante todo ese periodo cuando, por ejemplo, una panadería les surtía de mil panes diarios».

Esto mismo lo suscribe otro de los «afectados», Adolfo Jiménez, presidente del Comité Intercentros y cuyas palabras son uno de los hilos conductores del filme.

Ahora, 15 meses después y con próximas movilizaciones a la vista, recuerda el compañerismo, «el subir el ánimo a los que sufrían ataques de pánico o se levantaban deprimidos por un futuro incierto». Para él, es «sorprendente» que se haga un documental sólo porque «unos trabajadores defiendan sus derechos», pero lo que más le fascina es que el director haya sabido sintetizar 180 días de acampada «en apenas hora y media».

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