«El diablo viste de Prada»: Cine entretenido y bien trajeado ***
Estamos ante uno de esos raros ejemplares de película muy vista y al tiempo única. Un producto que conecta al primer minuto con el público, que responde a una estructura y un desarrollo predecibles
Estamos ante uno de esos raros ejemplares de película muy vista y al tiempo única. Un producto que conecta al primer minuto con el público, que responde a una estructura y un desarrollo predecibles, que se mueve por lindes conocidas, pero cuyos encantos son tan irresistibles como la tentación para un pecador.
Supuestamente es una película muy ligera, que enfoca a un mundo aún más ligero, el de la moda, que se centra en dos personajes antagónicos pero que se atraen: una joven recién llegada a una revista faro de la actualidad, del estilo y la moda, y su directora, una especie de Petronio desagradable, que martiriza a sus subordinados (o sea, al mundo entero) y que cualquier prenda de vestir cercana sin una marca fiable le produce una erupción más violenta que las del viejo Etna.
El secreto de «El diablo viste de Prada» es que mira al mundo desde el mismo sitio que el cine americano más cano, pero con otros ojos, o al menos con otras dioptrías: mejores situaciones, mejores diálogos, mejores interpretaciones. Tal vez exagere si digo que en la cima de este tipo de cine entre aquí y allí esté «Pretty woman».
En esta película que firma David Frankel no hay grandes propósitos morales, aunque sí unas cuantas moralejas al alcance de cualquiera, o sea, de todos. Moralejas sencillas, pero importantes: no te olvides de quién eres, que el trabajo no te deslumbre y te impida ver a los que te rodean y te quieren, que la lealtad es importante incluso con aquellos que no la merecen..., en fin, cosas que sabemos, que solemos despreciar y que nos arrepentimos de ello. No habrá menos de diez mil películas que tratan asuntos de mayor calado con muchísimo más jactancia y complicación, pero ¿quién las ve y entiende?
Nada de toda esta película resultaría tan eficaz sin la presencia de la gran Meryl Actriz, auténtica «striper» emocional (por decir algunas, «Memorias de África», «Los puentes de Madison», «Las horas»...) capaz de absorber todo lo que de drama y de comedia tiene esta historia en la que ella encarna a la mezquina Miranda Priestly, la directora, alguien que convierte la leche en yogur con sólo mirarla; pero que también le permite a la protagonista, la joven Anne Hathaway, escalar ese risco impracticable que es compartir plano y escena con Miss Streep, algo que también borda un escalador de primera, Stanley Tucci... Total, que usted puede ir vestido de lo que quiera a ver esta película, pero lo más probable es que no le pese ni ella ni la ropa.
| ((( | EE.UU., 108 min. | Director: David Frankel | Intérpretes: Meryl Streep, Anne Hathaway, Stanley Tucci |
«El diablo viste de Prada»
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