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Razas

María, marchando una de ironía. Con la ironía en la mano, como persona de

GUIADOS por el analfabetismo que nos enseña a ser más burros que ayer y mucho más que mañana, no más de una gavilla de avisados por un bachiller en condiciones y una lectura aseada, sabrá que lo del día de la raza no es invento nacional, invento de aquella fábrica de fascistas a la que ahora quieren borrarle el logotipo. Muy al contrario, ese día, en la grandeza de su efemérides, es invento de un presidente radical argentino. Hipólito Irigoyen. Un criollo de ascendente vasco y leucocitos indios que en 1917 entendió la fecha como una buena herramienta para construir la Hispanidad. El doce de octubre siguen siendo día de fiesta en la inolvidable Argentina.

Ayer, cuando los familiares de los soldados españoles caídos en acciones de paz con muchas bombas, recibieron el calor de un Rey a la brasa por la fosforera republicana, vimos entre los afligidos los rostros de la raza que invocaba Irigoyen. Eran los familiares de soldados americanos caídos bajo bandera española. Eran lágrimas ecuatorianas, colombianas, bolivianas y peruanas. Lágrimas morochas y mulatas que encadenaban su dolor con el del sentimiento peninsular. Irigoyen proclamó la retórica en el 17. La fuerza de la historia y la necesidad de los días están convirtiendo en realidad aquella herramienta tan denostada allá y acá por los falsos eruditos a la violeta.parra.

Pero Irigoyen llevaba toda la razón. Esa herramienta de la Hispanidad es hoy, con una emigración voluminosa, con la fusión de costumbres, con la prestación militar, con la suma del trabajo y el nacimiento de nuevos hijos con sangre de ida y vuelta, más que nunca la fe de los que siempre creímos que somos un eterno doce de octubre, con borrones luctuosos que superar pero con la fuerza de la sangre clamando por nuestro sitio en el mundo. La Hispanidad. De eso se trata. De que una raza y una lengua con la inalcanzable riqueza del mestizaje nos llenen de razón y orgullo para obligarnos a ir siempre juntos y más allá de las lágrimas y los reproches cruzados hasta ahora. Ayer vimos a la raza implorada por Irigoyen llorar por sus soldados muertos por culpa de una paz tan rara que hace llover bombas. Y era doce de octubre.

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