A Dios rogando...
Puedo considerarme, y orgullosa estoy de ello, de ser una pacifista total en contra de la violencia. Yo definiría guerra como esa forma indiscriminada de matar, casi siempre a inocentes, en nombre de la «justicia infinita». ¿No hay mejor manera de solucionar las cosas? Somos personas civilizadas, Dios nos dio la capacidad de diferenciar el bien del mal y, sobre todo, podemos razonar. Eso es lo que nos distingue de los animales, pero muchas veces no existe diferencia alguna entre ellos y nosotros. Bueno sí, ellos matan por necesidad y nosotros... nosotros por vanidad.
Ver el telediario te deja un sentimiento de desolación e impotencia enorme. Hombres que matan a la supuesta mujer de su vida, lapidaciones, secuestros, atentados... Y es que parecemos bestias. Bush lleva buscando excusas para provocar una guerra desde que se hundieron sus Torres Gemelas y, tras ellas, su orgullo. Excusas, excusas, excusas para matar. Pero, ¿qué derecho tiene nadie a ponerle límite a una vida? A ver si nos metemos en la cabeza que el respeto y la tolerancia deben ser nuestro estandarte. Dinero, vil metal, ese es el trasfondo de la ofensiva del presidente norteamericano. Mientras, por un lado, el dirigente del mundo cuenta las vidas en litros de petróleo, por el otro, reza a Dios y pide que bendiga a su pueblo. ¡Qué poca vergüenza! ¡A Dios rogando y con el mazo dando! Nunca mejor dicho.
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