SEVILLA AL DÍA
El mundo (no) es nuestro
En la mesa del Cecop hay una montaña de folios con más de 2.000 incidencias en las calles que las cofradías quieren arreglar
Los sevillanos tenemos unas cuantas de deudas pendiente con 'Los Compadres'. A la genialidad de Alfonso Sánchez y Alberto López no sólo le debemos esas horas interminables de risas que nos han salvado de algún que otro día gris, sino también el hecho de que ... nos abrieran los ojos para darnos cuenta del ese ombliguismo del que pecamos los cofrades –me incluyo en la ecuación– cuando alguien comete la osadía de meter la mano en las cosas de nuestra Semana Santa. Recordarán perfectamente aquella mítica escena de la película 'El mundo es nuestro' en la que una cofradía llega a una calle y se topa con un Policía Nacional que le informa de que está cortada y que, por tanto, tendrían que cambiar su recorrido. En ese momento, un nazareno que podríamos ser cualquiera de nosotros pone el grito en el cielo y se niega rotundamente a cumplir la orden. «¿Usted sabe cuántos años llevamos pasando por aquí?».
Ese concepto de propiedad de una vía pública y, hasta si me apuran, ese orgullo de pertenencia colectiva que lleva a defender lo de todos como si fuera algo propio, podría aplicarse también a cualquier otro asunto relacionado con el mundo cofrade. A veces, caemos en esa especie de tentación de creernos en posesión de la verdad absoluta y con el derecho de condicionarlo todo a nuestro propio interés. El ejemplo viene al pelo con lo que estos días de Cuaresma sucede en las calles de la ciudad y en cuya gravedad no reparamos, entre otras cosas porque hemos terminado por normalizarlo. En la mesa del Ayuntamiento hay una montaña de folios con más de 2.000 incidencias aportadas por las 71 hermandades de penitencia con la vista puesta en la Semana Santa y el objetivo de que las arregle el técnico de turno. Esas mismas que, por cierto, pagamos todos los sevillanos de nuestro bolsillo. Son esas microactuaciones que todos los gobiernos municipales, independientemente de su color político, han asumido como una tarea irrenunciable y que, al final, acaba condicionando el calendario de trabajo local.
Les hablo de las obras que se aplazan o se fasean porque por esa calle pasa desde hace años la cofradía de turno que no está dispuesta a cambiarse a la paralela. Ocurre igual con las podas de los árboles, que obliga a Parques y Jardines a pelar algunos ejemplares para que las ramas no arañen el canasto del paso que, evidentemente, tiene que pasar por ahí. Y también sucede con los baches que hay que tapar en la calzada, los contenedores que hay que retirar, el mobiliario urbano que estorba o las farolas que hay que apagar para que luzca más la entrada de un cortejo.
Nadie duda del bien que hacen las cofradías, ni de su labor social. Tampoco de todo lo que aportan a la identidad propia de Sevilla, pero no estaría de más reflexionar sobre esos dolores de cabeza que provocamos en esa ciudad que en unos días convertiremos en el más hermoso escenario para revivir la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor.
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