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TAL VEZ FELICES

La despedida de un emir

Llegó a Sevilla la semana pasada con su séquito

Luis Ybarra

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La kufiya árabe en cuadros rojos y blancos en un principio no despierta demasiado interés en el vagón. Cuando el tren llega a Santa Justa el tipo que la lleva se levanta. Viste abaya y unas portentosas gafas de sol le cubren el rostro. Le ... acompaña todo un séquito: serán diez o doce. Todos de negro. Y están interconectados con auriculares. Sus movimientos son bruscos. «Pero quiénes son», pregunta una niña a su madre, que trata de descifrar los motivos por los que una especie de emir viaja con ellos en un Iryo hacia Sevilla. El tipo, enjuto, espigado y de barba perfilada, se dirige con fruición hacia las dos, que abren los ojos como las persianas de una superficie comercial: «¡Que me caso!», anuncia el hombre con un acento mesetario inesperado, quizá de algún pueblo de Madrid. «Que se casa…», repite la mujer prestando ya más atención a la maleta que baja del portaequipajes.

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