Suscríbete a
ABC Premium

EDITORIAL

Jaque al centro

Llevado por un espíritu sectario indisimulado, el Gobierno social-comunista del Ayuntamiento hispalense ha ido aplicando, con gran tenacidad, un programa de medidas destinado a castigar sistemáticamente al centro histórico de la ciudad y a ciertos barrios concéntricos como Nervión, Triana o Los Remedios. Con el mapa electoral en las manos, el señor Monteseirín y sus adláteres han ido cerrando el cerco en orden a la asfixia de los distritos que no les eran propicios a la hora de votar. La zona azul, la grúa, los impuestos, la suciedad, la supresión de aparcamientos, las peatonalizaciones sin consenso, la inseguridad y un vasto conjunto de medidas han horadado la habitabilidad de unos espacios que otrora eran sinónimo de placidez y encanto.

Los dos últimos pasos que el Partido Socialista ha dado en su cruzada contra los barrios que no le votan han sido la exclusión del trazado del Metro y la celada que se va a perpetrar contra el comercio y los titulares de plazas de garaje mediante la colocación de cámaras que faciliten los datos para consumar lo que parece ya una obsesión socialista: multar.

Si el rodeo que las líneas del ferrocarril suburbano van a darle al centro neurálgico de Sevilla es elocuente del arrinconamiento que se quiere operar, lo que su Ayuntamiento está a punto de ejecutar con el cierre al tráfico del núcleo urbano es un gran desafío al sentido común. Que es preciso un control permanente del centro para evitar su colapso, restringiendo parcialmente la circulación, a determinadas horas, es algo que nadie niega. Pero de ahí a colocarle un dogal que corte el movimiento del transporte privado a través de unas fronteras como nuevas murallas medievales va la distancia que media entre la sensatez y el desvarío.

Al centro de Sevilla se le está haciendo la vida imposible, siendo como es una insustituible fuente de ingresos para miles de ciudadanos y para las arcas municipales –bien exhaustas por cierto-. Cualquier gobernante con sensibilidad lo trataría como lo que es: un delicado y al mismo tiempo potente organismo vivo que necesita oxígeno y estar abierto al exterior en lugar de que quien acuda a él desde fuera se sienta como en una cárcel, con garitas automatizadas desde las que el Gran Hermano local toma su matrícula y le sigue los pasos para sancionar que ha tenido la ocurrencia de entrar en la Sevilla central.

En el tablero de ajedrez de la partida que desde su llegada al poder mantienen Monteseirín y la Sevilla que no le vota, el alcalde se dispone al ataque final. De que lleve hasta sus últimas consecuencias la decisión adoptada va depender la supervivencia de esa Sevilla clásica que todos hemos conocido y gozado.

Esta funcionalidad es sólo para suscriptores

Suscribete
Comentarios
0
Comparte esta noticia por correo electrónico

*Campos obligatorios

Algunos campos contienen errores

Tu mensaje se ha enviado con éxito

Reporta un error en esta noticia

*Campos obligatorios

Algunos campos contienen errores

Tu mensaje se ha enviado con éxito

Muchas gracias por tu participación