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Pásalo

Julián Muñoz

Debió sentirse intocable y poderoso sin percatarse de que la política mata

Félix Machuca

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Cuando salió de su pueblo abulense, Julián Muñoz, llevaba una mano delante y otra detrás, tapándose las vergüenzas de la necesidad que impone la tiesura, pero esperanzado en convertirse en uno de esos mineros que, guiados por la fiebre del oro, se enriquecieron en California. ... Entonces, Marbella, era aquella California turística y adinerada donde se podía progresar si andabas listo. Abrió un bar en el extrarradio para comidas caseras, buenas y baratas, conoció a gente y por la ley de los vasos comunicantes, vasos de güisqui y comunicantes de buenas direcciones y relaciones, pudo dar el salto de su afanosa vida laboral: abrir un local de restauración en Puerto Banús. Julián, el necesitado emigrante abulense, había encontrado su particular filón de oro. Su California en la Marbella de Gil.

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