La Alberca
El pan o la paz
Los antimilitaristas no ven la necesidad de subir el presupuesto de defensa porque antes precisan un rearme moral

El peor alcalde que ha tenido Cádiz en su historia, José María González 'Kichi', cinceló sobre mármol una sentencia sobre los verdaderos postulados populistas cuando Arabia Saudí contrató la construcción de corbetas a Navantia para la guerra de Yemen. Resulta que 'Kichi' cantaba letras pacifistas ... en su comparsa y proclamaba pregones antibelicistas al mismo tiempo que las corbetas daban de comer en los astilleros gaditanos a muchos de sus votantes. Y ante esa disyuntiva, el hombre dejó un suspiro para la historia: «Me obligan a elegir entre el pan y la paz». El alcalde descubrió la distancia exacta que hay entre la utopía y la puñetera vida. El 'no a la guerra' era un argumento hermoso para sus pasodobles de carnaval y una mentira para sus discursos políticos. 'Kichi' lo entendió en cuanto tuvo que elegir entre la bolsa o la vida. Y por el mismo camino llegará Yolanda Díaz al pacto por el rearme al que obliga Europa. Hasta ahora el ala comunista del Gobierno ha estado refugiándose en eufemismos para no admitir que Putin es un sátrapa despiadado y que, muy al contrario de lo que decía la cantiña gaditana, con las bombas que tiran los fanfarrones no se hace España tirabuzones. La vicepresidenta que quiere imponer la paz con pegatinas en la solapa trata de hacer el trile con el presupuesto militar que exige Europa metiendo en el saco hasta el gasto por la lucha contra el cambio climático. Intenta convencernos de que la seguridad es lo mismo que la defensa para engordar el presupuesto, pero hasta ella misma entiende que ni su propio Gobierno se traga el truco. Por eso tiene un ministro de Interior y una ministra de Defensa. Y un día, sin darse cuenta, Yolanda llegará a la encrucijada de 'Kichi'. Entre el pan y la paz, su pan.
El problema es que hasta entonces no sabremos si el postureo antimilitarista de la izquierda radical, tan enamorada del guerrillero Guevara, tan obnubilada con las estrellas de los hombros del comandante Chaves, habrá sido un problema de idealismo o de interés partidista, es decir, de inocencia o de perfidia. Y más allá del rearme militar al que obliga la situación bélica actual antes que la propia burocracia comunitaria, tendremos que preguntarnos cuándo va a afrontar este país su rearme moral. Tenemos unos ejércitos extraordinariamente preparados, pero infradotados para una espiral bélica de intensidad media. Porque la superioridad moral europea, y dentro de ella la supremacía ética de la izquierda, es una gran estafa. Los que reparten carnés de altruismo son los que han pactado que a Cataluña no vayan menores inmigrantes, por poner un ejemplo. La corriente yolandista, subflujo del sanchismo, nos ha dejado indefensos de valores. Un país en el que la verdad no vale nada, la Justicia está siendo atacada por el propio Ejecutivo, la mentira no se paga, la corrupción da igual y manda un fugitivo no puede enfrentarse a la cruda realidad con garantías. Por eso las cosas sólo funcionan cuando los falsos idealistas se quedan en el carnaval y en el Gobierno se sientan los estadistas, que son los únicos que pueden procurarnos, sin tener que elegir, el pan y la paz.
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