LA ALBERCA
Metáfora de los árbitros
El arbitraje en el fútbol es un ejemplo cotidiano del sectarismo y la polarización que padece España hoy
Si se analiza bien el arbitraje que estamos viendo en los campos de fútbol actualmente, se entiende lo que está pasando en toda España. Es una pena que tenga que escribir esto siendo un sevillano el máximo responsable de los árbitros españoles, pero es una ... evidencia que nuestro cuerpo arbitral es el peor de Europa en estos momentos. El forofismo futbolero tiende a creer en las manos negras, pero la cuestión es mucho más sencilla: son incompetentes, muy honrados, pero ineptos. Estoy seguro de que ningún árbitro tiene la menor intención de perjudicar o beneficiar a un equipo concreto, pero su responsabilidad tampoco admite falta de cualificación. Cuando se tiene el poder para decidir sobre el destino de terceros, la impericia es injustificable. Y si a eso además se le añade que nadie sabe cuándo se aplica el VAR y cuándo no, las decisiones se convierten en veleidosas pero con el aval de la tecnología. Esta semana hemos visto al delantero Iago Aspas, que es un futbolista excepcional, interpretar una obra de teatro simulando una agresión inexistente con el objetivo perverso de perjudicar a un contrario. Sería algo así como una denuncia falsa. El árbitro no lo vio en directo, cosa que podría entenderse, pero ¿dónde estaba el hombre del VAR? El jugador acusado de la falsa agresión fue expulsado y el impostor salió beneficiado. Los futbolistas aseguran que el trencilla les dijo sobre el césped que había visto una agresión en la cara. Sin embargo, en el acta redactó que la supuesta agresión había sido en el pecho. Las cámaras de televisión a disposición del juez demuestran que no hubo nada. Bueno, sí, una interpretación tramposa de Aspas. Pero ningún miembro del estamento arbitral ha salido a pedir disculpas. Tampoco el delantero del Celta lo ha hecho. Pagará el pato el expulsado injustamente sin que nadie haga la menor autocrítica.
Como dijo el mítico Arrigo Sacchi, el fútbol es la cosa más importante entre las cosas menos importantes. Por eso siempre se puede utilizar como metáfora de la vida. ¿Les suena de algo eso de que una persona sin cualificación para ejercer un cargo determinado meta la pata y en lugar de pedir disculpas responsabilice al adversario de su propio error? ¿Les suena eso de que un organismo creado para fiscalizar dependa del propio fiscalizado? ¿A que hay partidos políticos que se pueden hartar de darle patadas al rival sin que les piten ni una falta y, en cambio, a la primera zancadilla que hace el adversario le piden tarjeta roja? Para unos es clamorosa cualquier mano en el área contraria y jamás es penalti en la suya. Por eso es vital que el sistema aplique un criterio unificado a las decisiones. Lo que no vale es que cuando se haya consensuado que una patada en el tobillo es falta, unas veces se pite y otras no. Igual que no vale, por poner un ejemplo ficticio, que el líder de un partido acusado de corrupción sea obligado a dimitir por el líder de otro partido acusado de corrupción. O que quien denuncia en falso tenga menos castigo que el denunciado. Creo que me estoy explicando, ¿no?