La Alberca
El derbi del palco
Los presidentes de Betis y Sevilla están obligados a dar ejemplo porque tienen una responsabilidad pública

La exhibición de la famosa bandera de Isaac en el derbi de ida en el Sánchez Pizjuán ha degenerado en un conflicto institucional que no tiene ningún sentido. Ayer Joaquín Caparrós hizo una demostración práctica de pasión cegadora en este periódico acusando al Betis de ... haber denunciado un hecho que, casualmente, terminó en castigo al jugador. Ni que decir tiene que el club de Heliópolis podía haber llevado el asunto con más diplomacia, pero antes de reclamar sensatez a los máximos responsables de ambas entidades es fundamental aclarar conceptos básicos. Isaac no debió exhibir esa bandera porque era una falta del respeto al rival, como acreditó oficialmente el órgano sancionador. El Sevilla tendría que haber pedido disculpas por ello y asunto cerrado. Pero el Betis también podría haber rebajado la tensión con una simple llamada interna. Los directivos del fútbol saben perfectamente lo que significan sus actos ante los violentos, que desgraciadamente siguen acudiendo a los estadios. Eso les obliga a tomar medidas tanto para la erradicación de los delincuentes en las gradas como para dar ejemplo de una paz social que nos conviene a todos y que especialmente en Sevilla tiene un valor antropológico incalculable. La guasa de Caparrós en Nervión o la de Joaquín en el Betis son un tesoro que ninguna otra ciudad en el mundo ha sabido construir. Pero se tiene que producir desde la armonía institucional, con los presidentes comiendo juntos y el palco dividido. Cualquier otra cosa es cerril y, por tanto, indigna de la propia historia de los clubes que representan.
El alcalde ya ha hecho un llamamiento a José María del Nido Carrasco y Ángel Haro para que echen la pelota al suelo al que nos sumamos desde aquí. Porque tiene que haber una diferencia entre los aficionados corrientes y los directivos del club. Y ambos demostrarían tener altura de miras si se cruzasen una llamada para poner fin a este desencuentro. Para el Betis sería un acto de grandeza hacer tábula rasa con un asunto en el que tiene la razón. Para el Sevilla sería un acto de humildad aceptar lo que ocurrió y proponer soluciones más personales para los incidentes que vengan. Isaac cometió un error con aquella bandera insultante. Pero nada más. Lo que no se puede hacer es arreglar un error con otro error más grave. Y eso es lo que está ocurriendo. Ambos clubes se afanan en elevar a casus beli una anécdota que en los bares de Sevilla se arregla con un simple chiste. El forofismo no puede habitar en los despachos. Cada uno tiene que defender los intereses de su equipo en el campo, ver penaltis donde no los hay, tensar el vestuario para ganar un partido que está fuera de la competición. Y luego dar ejemplo de sevillanía en el palco.Esta es la única ciudad de España donde nadie es del Real Madrid o del Barcelona. La pasión futbolera de Sevilla es un imán en todo el mundo. Los puyazos cruzados forman parte de esa idiosincrasia, pero civilizadamente. No vaya a ser que el domingo acabemos perdiendo todos quede como quede el partido.
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