todo irá bien
Semiputismo
El problema del semiputismo es que nosotros somos la otra mitad

La moda es ahora el semiputismo, tanto en hombres como mujeres. El sexo es muy fácil de tener y sin hacer comedia. Es más rápido llevar a alguien por delante que bajar al supermercado, y además hemos perdido apetito. Los semiputas te ofrecen afecto, tiempo, ... constancia, y aunque no te cobran tú sabes que sin precio es cuando sale más caro.
Sexo no nos falta y por si acaso tenemos la pornografía. Lo valioso, lo que se busca, es alguien que nos llene el vacío, la inconsistencia y que nos siga en nuestras locuras. Estamos más conectados que nunca y más solos. La procacidad ya no es el negocio porque hay tanta que nos sobra. El negocio es la soledad pero tanto para beneficiarte como para cobrarlo tienes que empeñar tu vida. «Da menos palo», dijo ayer un amigo de mi hija, «esforzarse para jugar en el Barça, aunque al final no lo consigas, que estudiar aunque al final tengas una carrera». Su paso siguiente será pensar que es mucho menos desagradable aguantar a una mujer rica, coñazo y fea que trabajar ocho horas en una oficina. De esto va 'Match Point' de Woody Allen. Nadie es realmente feliz pero todos temen perder el estatus. No eres capaz de querer a nadie, pero si la furcia estorba, la matas.
El romanticismo es demasiado esfuerzo para los jóvenes de la Play, y el cinismo es el fin de trayecto del relativismo. El feminismo ha vuelto menos interesantes a las mujeres y menos importantes a los hombres, de modo que las renuncias para pactar con la realidad ya no son tan dramáticas y la mayoría ha asumido que vivir no tiene por qué ser emocionante. Mis amigos más jóvenes ya no persiguen un sueño: sólo buscan una salida y que sea cómoda. Luego para evadirse están la cerveza, la vanidad y las drogas.
Es tiempo de semipús. El espacio vacío que hemos dejado negando a Dios, riéndonos de la espiritualidad y desdeñando la trascendencia lo llenan las del asunto abusando de nuestra fragilidad, como el tipo de capitalismo que se ceba con el débil aprovechando los desequilibrios del sistema.
Podemos continuar con esta soportable decepción y no digo que no sea razonable. Pero podemos también esperar más de nosotros y de los demás, reconocer nuestra debilidad en lugar de temerla. El problema del semiputismo es que nosotros somos la otra mitad y cuando creemos que nos vamos a manchar, nos pasa lo que a Feijóo con Pedro Sánchez, que ha quedado como un vacilante señor de pueblo por meterse a negociar con tan pocas precauciones –y cometiendo la estupidez de decir en público que tiene miedo de la reacción de la «derecha mediática»– con el mentiroso compulsivo más descarnado de la historia de España.
Vivir sin sentido puede parecer más fácil y estoy dispuesto a conceder que lo es si te conformas con poco. Pero semiputas hay muchas, y semiputos, y el mercado está a punto de saturarse, y cuando los precios bajen todavía para quedar viuda vas a tener que esperar muchos años.
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