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TODO IRÁ BIEN

Y por furcia

Cada vez que convertimos lo privado en lo público también convertimos lo público en privado y así se fundó el totalitarismo

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Salvador Sostres

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El escándalo de Donald Trump es el escándalo de Bill Clinton. Lo terrible es el escándalo, este puritanismo americano que rebaja el nivel de la conversación y que nos convierte a todos en acusicas de colegio o la vecina que era confidente de la ... Policía. Fue pasar los años 90 nuestros hablando de las mangas manchadas de una tal señorita Lewinsky y ahora de esta otra semipú, Stormy Daniels, que al parecer se acostó con el presidente Trump antes de que lo fuera. ¿Y a mí qué me importa? Me gusta el cotilleo, porque soy la primera portera de España, pero no me parece de país civilizado elevar un devaneo a categoría política. No es política saber con quién se acuestan los demás, ni si mienten o dicen la verdad a sus esposas o al público en general, cuando hablan del asunto en público o en privado. No es política que a Clinton una becaria le tuviera unas atenciones en el despacho Oval y no es política que un empresario tuviera el antojo de bajarse a una actriz de peli porno. Además, cuando luego quiso ser presidente, le pagó 150.000 euros para que se callara. ¡150.000 euros! No reparó en gastos. Muchos de los que le gritan han pagado menos por la entrada de su piso. El hombre merece un respiro.

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