vivimos como suizos
Enemigos
Tiene mucha razón Roberto Verino con eso de que será feliz cuando la gente vaya bien vestida

Cuando hacía giras teatrales veraniegas por Bilbao o San Sebastián, Concha Velasco solía decir en las entrevistas lo de «Qué bien viste la gente en el norte». El «Qué mona va esta chica siempre» de 'Aquí no hay quien viva' siempre me recordó a Concha. ... Roberto Verino, cuya hija Cristina murió hace apenas un mes, dijo en la entrevista de José Luis Jiménez del sábado en ABC: «Seré feliz cuando la gente vaya bien vestida por la calle». Ese era el ajustado y atinado titular. La frase completa: «Seré feliz cuando la calle sea una pasarela de verdad y la gente vaya bien vestida, a su gusto, y sea auténtica». Lo de «a su gusto» era por las tendencias que disfrazan a la gente. Pero qué razón. Te paseas por la Gran Vía de Madrid y eso parece el bar de 'La guerra de las galaxias'. ¿Pero quién es esa gente? ¿De dónde ha salido? ¿De qué van vestidos? Voy como Katherine Hepburn en 'Historias de Filadelfia' cuando le da el sol durante la resaca. No digo que Timothé Chalamet con su espalda al aire y escote Halter en la alfombra roja de Venecia me convenza más. Ya veré si me convence en la película caníbal de Guadagnino. Pero, vaya, es que Chalamet ni siquiera es ese Billy Porter de 'Pose' (serie sobre la escena cultural negra y latina Lgtbq+ en el Nueva York de 1980) que se presentó en los Oscar con una falda más grande que muchos pisos de Idealista. Y vale que ya se ha acabado eso que Jerry Seinfeld pensaba de que el esmoquin era una conspiración de las mujeres: si todos son iguales, por qué no vestirlos a todos igual.
Lana Turner se quejaba de que las estrellas de ahora (de cuando se quejaba) salían a la calle de cualquier manera. En su época no es que los estudios les obligaran a parecer estrellas, es que a ella ni se le habría ocurrido salir a la calle sin parecerlo. De un hombre llevando escote Halter no le dio tiempo a hablar. Y siempre me ha parecido que Karl Lagerfeld tenía razón en lo de que el desaliño en la mediana edad era intolerable.
No creo que Patricia Highsmith hubiera hecho caso a Lagerfeld de haber soltado el diseñador eso de la mediana edad y el desaliño antes. Sólo hay que ver sus fotos de mediana edad y más allá. A mí Highsmith me da miedo porque me parece que si llego a vieja me voy a parecer a ella más que a mi madre. Temo esa cara de perro pachón. La preveo. Pero en sus 'Diarios y cuadernos' (Anagrama) Patricia Highsmith también habla sobre la importancia de la pinta que uno lleve.
En una entrada de ocho de julio de 1941: «Nada empuja a una mujer, ni a un hombre, a vigilar su aspecto personal como frente a los enemigos. Nunca sabe cuándo o dónde se los encontrará, pero siempre debe ir con sus mejores galas». Una variación de los avisos de tu abuela de llevar siempre la ropa interior en orden, no fueras a acabar en un hospital. La cabeza rota, vale, pero las bragas sin agujeros.
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