Tiempo recobrado
La flecha del tiempo
El mundo en el que nací en los años 50 ya sólo es un recuerdo, algo que parece tan irreal como un sueño
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Resulta una experiencia común la sensación de que el tiempo discurre cada vez más rápidamente a medida que envejecemos. Eso nos lleva a pensar que hay un tiempo cosmológico, independiente del individuo, y otro que es pura duración subjetiva. Empezamos ayer un nuevo año que ... pasará en un abrir y cerrar de ojos para los que tenemos una cierta edad.
El tiempo es un gran misterio sin respuesta. Hasta la formulación de la teoría de la relatividad de Einstein, se pensaba que el Universo era eterno y que no tenía principio ni fin. Fue este físico quien descubrió que el tiempo, el espacio y la materia están vinculados y no pueden existir los unos sin los otros. El 'Bing Bang' puso fecha al comienzo de todo: 13.800 millones de años.
No voy a incurrir en disquisiciones que superan mis conocimientos, pero me llama la atención una de las ideas más controvertidas y enigmáticas de la física: la flecha del tiempo. Un concepto que implica que el tiempo avanza en una sola dirección y que no podemos retroceder al pasado.
Hay una analogía de la flecha del tiempo con la imagen de una hoguera cuyos leños arden. Por mucha madera que hayamos puesto, el fuego se consumirá y el calor se disipará. No hay marcha atrás ni podemos evitar ese proceso que remite a las leyes de la termodinámica, que apuntan a que el Universo tiene un final al llegar a un estado de entropía o de muerte térmica.
Si existió un principio de todo y hay un final inevitable, por muy largo que sea el plazo, la vida tiene una fecha de caducidad. Nada es para siempre y esto tiene profundas implicaciones. Plantea cuestiones hoy sin respuesta como el origen de la materia y la existencia de Dios en las que no voy a entrar y menos en estas fechas navideñas.
Lo que sí resulta relevante a título personal es ese efecto de la flecha del tiempo en nuestra vida, que implica que envejecemos y que siempre avanzamos hacia adelante, lo que equivale a decir hacia la muerte. Todo nuestro entorno, y no me refiero a las estrellas, desaparecerá en un lapso muy breve. El mundo en el que nací en los años 50 ya sólo es un recuerdo, algo que parece tan irreal como un sueño.
Eso supone que tenemos que aferrarnos a un presente que es único, irrepetible e irrecuperable. Nadie se puede bañar dos veces en el mismo río, señalaba Heráclito. «Panta rei», todo fluye, decía el sabio griego. Si fuéramos consecuentes con esta filosofía, apuraríamos cada instante de nuestras vidas y valoraríamos el ahora y el aquí como un precioso tesoro.
Una gota de lluvia, la hoja de un árbol, la mirada de un niño son la expresión de este tiempo que fluye y del incesante devenir de un mundo que se crea y se destruye, de esa fragilidad inherente a todo lo que nos rodea. Como apuntaba Bergson, el tiempo es sólo duración para cualquiera de nosotros.
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