renglones torcidos
Esto sí que no lo vimos venir
Lo único que permanece en el arroyuelo de Sánchez es el cauce de la mentira permanente
Cuarentona (7/12/23)
Prohibido rezar (30/11/23)
Los filósofos lanzan al aire preguntas que la mayoría creería que son completamente inútiles. Por ejemplo, ¿puede alguien explicar a Kant mejor que el propio Kant? Antes de abandonar la lectura intercambie el sujeto por, no sé, digamos Pedro Sánchez. Se preguntarán qué sentido tiene ... establecer analogías entre el autor de la 'Crítica de la razón pura' y el de 'Tierra firme'; no me sean tan suspicaces, todo es susceptible de comparación. Por ejemplo, son libros que poca gente leerá. Y los que lo hacen son, definitivamente, gente rara. Sucede aquí que «explicar» no tiene el mismo significado que en una lección de física. En este caso hablamos del despliegue natural que tienen las ideas y su posterior aplicación a la realidad. Kant no habría podido imaginarse hasta qué punto su concepción de la voluntad y libertad humanas habrían de tener una influencia decisiva en los ideales más radicales del movimiento romántico y cómo bebieron de estos los totalitarismos posteriores. No, no teman, no es este preámbulo una excusa para lanzar una diatriba sobre cuáles habrán de ser las consecuencias de las ideas y acciones de Sánchez, aunque sólo sea porque no se puede elucubrar sobre la nada. El pensamiento, ideología o estrategias de Sánchez son como el río de Heráclito, que nunca es el mismo pues está en constante cambio. Lo único que permanece en el arroyuelo del presidente es el lecho del superviviente, lo que conduce el torrente de felonías, el cauce de la mentira permanente. Sobre esta base seguirán ocurriendo mil barbaridades y lo único que puedo asegurar es que continuaremos con la misma cara de idiotas, murmurando atónitos «esto sí que no lo vimos venir…».
¿Para qué hablo, pues, del despliegue de las ideas en la historia? Ah, porque al menos hay que contemplar las cosas con cierta ironía. Si Kant no daría crédito ante la deformación posterior de su tan amado concepto de libertad, ¿qué pensarían los socialistas muertos a manos de ETA si pudieran ver a esta alzar, triunfante, el bastón de mando de la alcaldía de Pamplona gracias a los socialistas actuales? ¿Qué opinarían los socialistas de hace un siglo observando a sus descendientes amnistiar a catalanes ricos y poderosos, al tiempo que persiguen al operario de fábrica de Palencia hasta que pague su multa por saltarse un semáforo? Los padres del liberalismo quedarían perplejos al contemplar a autodenominados liberales, melindrosos y asustadizos, confundiendo pluralidad con relativismo y pacifismo con dejarse amedrentar. Qué dirían los que derramaron sangre, sudor y lágrimas por España, en general, y por su prosperidad política, económica y social en particular, al ver que la mayoría de los que deberían defenderla están más pendientes de lo que opinan sobre ellos los partidos y votantes que nos llevan a la ruina. Esperarían más bien, imagino, un puñetazo sobre la mesa y un «¡basta ya. Llámame fascista, ultra derechoso, supercalifragilisticoespialidosonazi o caca, pedo, culo, pis. Con la nación y todo lo que hemos construido sobre ella no se juega».
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