desde ogigia
Glosario de campaña
Invito al PP a que respire hondo, no se deje arrastrar al barro, donde la izquierda se mueve mejor, y no caiga en la tentación de recurrir a un diccionario de insultos
Promociones Sánchez (26/4/2023)
Greto Sánchez (23/4/2023)

El presidente del Gobierno ha acusado al PP de seguir la doctrina de Aristóteles. Al saber que había tildado de peripatéticos a los de Feijóo tuve un subidón. Creí que un milagro había extraído el discurso sanchista del estercolero para trasladarlo a un lugar de ... sabiduría que evocaba 'La escuela de Atenas', el fresco de Rafael Sanzio. Mi alegría, ay, duró poco. Excitado como estaba, corrí a buscar la noticia entera y di con la frase literal: «… y más que patético yo diría que resulta peripatético…». Lo anterior y lo posterior ya no importaba. Descartado Aristóteles, borrada de un plumazo la pintura renacentista de mi sueño febril, la cruda verdad se imponía; Sánchez usaba 'peripatético' como insulto, pero el término solo tiene en el DRAE una acepción tal: prostituta callejera. Lo de callejera era inadmisible. Podía haber dicho puta sin más: es usted un puta. Pero los catalanes entendemos esa frase como un halago, significa que eres astuto.
Consciente del ultraje, de la infamia, de la violencia política incluso que supone ese 'peripatético', invito al PP a que respire hondo, no se deje arrastrar al barro, donde la izquierda se mueve mejor, y no caiga en la tentación de recurrir a un diccionario de insultos. Mejor sean creativos y elaboren sus propios términos, amoldándolos a reproches concretos. Puesto que Sánchez se ha hecho acreedor de tantos reproches, yo les ofrezco, a modo de ejemplos que puedan ilustrar la propuesta, unas cuantas muestras. A saber:
Secahuertos ilustra su empeño en Doñana, y si hay que aludir a la destrucción de la obra toda del franquismo, aunque ello comporte volver a la pertinaz sequía, tenemos vuelapantanos. También está derribacruces para los planes últimos en el Valle de los Caídos, que ahora llaman de Cuelgamuros. Visto su trasiego de cadáveres, que lleva la venganza hasta los mismísimos fusilados del Gobierno de Largo Caballero, convienen al presidente las voces asaltatumbas y arrancalápidas.
Si atendemos a sus políticas económicas y fiscales, mataempresas le viene como anillo al dedo. Observemos ahora su estrategia para con el problema catalán: se nos ocurren, de entrada, premiagolpistas y borradelitos. A la vista del patrón que caracteriza a sus nombramientos, tanto de ministros como de presidentes de empresas públicas, sería adecuado etiquetarlo como ensalzanadies o colocazotes. Plagiatesis no precisa aclaración. En lo relativo a las relaciones que mantiene con los otros poderes del Estado, atrapo al vuelo de mi imaginación, a bote pronto, cierraparlamentos –recuerden los primeros meses de pandemia– o ahogajueces, por su inamovible decisión de mantenerles en salarios de miseria, que diría Eduardo Galeano. Para sus distintos intentos de censura, tapabocas es oportuno, y si esa censura se focaliza en las cenas con final feliz de su grupo parlamentario, sería lícito llamarle encubrebernis. Veritófobo siempre lo ha sido, y dada la pasión que le pone a sus dudosas causas, ¿qué tal injusticiero?
Solo un aereodependiente se sube al avión para ir aquí al lado, o aparece en helicóptero en la boda de un cuñado. También está justificado revientacitas por atribuirle a Blas de Otero un célebre poema de Gil de Biedma. Al fin y al cabo es un mesuena, por eso hizo nacer en Soria a Antonio Machado. En cuanto a su tendencia a faltar al Rey, estamos ante un tuerceprotocolos, un robafotos profesional. Para desgracia de los saharauis y vergüenza de sus compatriotas, el presidente es un regalatierras. Lo hace por su condición de amarroquinado y de alegradéspotas. Más genéricamente, es un veintetreinta de agenda, digo de libro. Con la Ley de Vivienda se ha revelado como un inventapisos y un azuzaocupas. Los pisos que promete, al ser inventados, pueden ir creciendo en número sin límite, y puesto que es un mentirólatra, miel sobre hojuelas para su campaña. Claro que para creerle hace falta no pensar mucho, lo que lo convierte a la vez en memagogo.
La forma en que tortura el español, sus solecismos y anacolutos, sus faltas de sindéresis y el castigo de leer sus discursos transcritos –que se añade en ocasiones al de haberlos oído– son méritos suficientes para calificarlo de semanticida, sintactívoro y lexicorto. Recuerdas el intento de pucherazo en aquel Comité Federal del PSOE tan animado y sale escondeurnas. Confinapueblos recoge con precisión lo que hizo con sus estados de alarma inconstitucionales. Pero no solo confinó pueblos en el sentido de municipios; confinó al pueblo español para mejor colocarle sus peroratas, el muy duermeovejas. Ahora que los presidentes autonómicos de su partido lo evitan porque les mancha la reputación, podemos llamarle también hundebarones. Les arruina la carrera a los mejores, como Pérez de los Cobos, por cumplir la ley, lo que hace de él un castigaméritos. Al ser quizá la opacidad el rasgo definitorio de sus tristes años de Gobierno, no pudiendo arrojar luz sobre sus abusos órgano ni institución alguna, nadie le va a negar la condición de burlacontroles. Al acercarse elecciones, como es el caso, le sale el crispacampañas que lleva dentro, algo tan zapaterogabilondino. Aparece el siembraortigas, que impide cualquier acercamiento para frustración de Feijóo, el de la mano tendida. Por no mencionar que es propio de un compravotos nacionalizar hispanoamericanos a granel y por la cara para engordar su voto.
En Bruselas saben que es un maquillacuentas y un deudadicto, un europedigüeño y un rascaúrsulas. Aquí nos aturde más su naturaleza de marealeyes y de cagadecretos. Aprovechen los peripatéticos el surtido, si gustan, o usen sus propia inventiva. Ánimo.
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