POSTALES
Encrucijada
Nos olvidamos de que la democracia no consiste solo en elecciones, y que su base es algo que no nos gusta demasiado: responsabilidad
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Hemos usado y desgastado tanto la palabra 'histórico' que ya no tiene el valor que tenía, y hoy es histórico un día cualquiera. Pese a ello estamos ante un día especial. Tan especial que podemos seguir como vamos o volver a una situación que creíamos ... haber abandonado para siempre. La Transición fue un éxito para España, hasta el punto de haber demostrado algo que se creía imposible: pasar de la dictadura a la democracia sin derramamiento de sangre. Nada de extraño que a nuestro proceso democratizador le surgieran imitadores por todas partes del mundo. Incluso Mijail Gorbachov intentó hacerlo con su Perestroika, sin conseguirlo.
También en algunos países de la América Hispana se intentó, aunque sin demasiada suerte. Pero al menos logramos invertir la corriente humana de los últimos cinco siglos: en vez de salir los europeos, mayoritariamente españoles, hacia allí, para «hacer las Américas», como se decía, desde México a Argentina, eran ellos los que venían a España a «hacer la Europa», un refugio de paz y prosperidad en un mundo revuelto, cuando no sangriento, como ocurre en otras partes del mundo.
Pero me estoy desviando del tema que deseaba abordar en esta postal, que era nuestro país, y no voy a dilatarlo ni un segundo. «¿Cuándo comenzó a joderse Perú, Zabalita?» pregunta el protagonista de 'Conversación en la catedral', una de las novelas más populares de Mario Vargas Llosa. La misma pregunta podríamos hacerla nosotros respecto a nuestra Transición. Y la respuesta es bastante parecida: cuando aquellas ansias de no volver a cometer los errores pasados se fueron diluyendo y, en vez de ellas, surgían las ganas de revancha, de desenterrar muertos y ajustar cuentas. Y como no se trata de eso, sino de todo lo contrario, hay que admitir que existía también quien añoraba al pasado y no aceptaba la idea de unirnos al presente, como demostró la intentona golpista el 23F de 1981. Pero eran los menos.
Lo más grave fue que nos olvidamos de que la democracia no consiste únicamente en elecciones, y que su base es algo que no nos gusta demasiado a los españoles: responsabilidad. Individual y colectiva. Y ahí es donde empezó todo. No hubo un momento exacto de ello, ya que el proceso se alargó a medida de que empezamos a ver la política como un conflicto de intereses, en vez de una tarea común. Está en la memoria de todos hasta llegar al momento presente. La Transición ha desembocado en racismo en los campos de fútbol y en compra de votos en pueblos y ciudades. De seguir así, acabaremos como en aquellos tiempos en que el cacique del pueblo, ante el colegio electoral, daba un duro a cada elector y le entregaba el voto a emitir. ¿Seguimos por ese camino?
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