LA SUERTE CONTRARIA
Vivir 'in vigilando'
Si un colaborador mío es un chorizo, yo tengo responsabilidad en ello y he de dimitir por elegirle. Pues no, perdone
La tempestad
Un paseo por la España repleta
La confianza no se gana. En todo caso se pierde. Cuando alguien tiene un colaborador estrecho se sobreentiende que confía en él. Y si no, es mejor no tenerlo, hacerse con un par de revólveres y salir a la calle como 'El Llanero solitario' ... a pegar tiros al aire. Aún recuerdo la cara de mi hija cuando le dije que tenía toda mi confianza, como una batería cargada al 100%. Y que, además, la tenía de entrada, porque sí y a cambio de nada. Solo por ser mi hija. La confianza es una corriente bidireccional y esa es la parte que depende de mí. La que depende de ella es mantenerla. No se trata de conseguir puntos cada mañana para ser digna de mi confianza. Eso ha de ser aterrador, porque siempre estás en duda. Y se trata de lo contrario, de demostrarme que no hay motivos para que yo cambie de actitud. La verdad es que todos tendemos a cumplir las expectativas que se ponen en nosotros. Y esto sirve tanto para lo bueno como para lo malo. Si creces bajo sospecha, creces en libertad condicional. Y entonces interpretas que no te quieren por quién eres sino por lo que haces. Y si te lo ganas.
De la entrevista de Risto Mejide a Ábalos, lo más importante ha pasado desapercibido: «Yo tengo un sentimiento de orfandad permanente. Los que no hemos tenido protección de pequeños nos hemos buscado la vida siempre. Y sabemos que siempre nos la tendremos que seguir buscando». Hay ahí un personaje dickensiano y en sus palabras subyace una fatalidad de destino que conmueve. Es el Oliver Twist que se lanza a su sino como un caballo desbocado se lanza al ferrocarril. Y, a la vez, Hamlet, el huérfano que convierte su dolor en corrupción. Quizá de ahí sus lágrimas al recordar que, al desterrarle del PSOE no solo le quitaban un carné sino «el sentido de pertenencia. La identidad». Quizá, para Ábalos el PSOE ocupe simbólicamente el lugar que en otros ocupa la familia. Y su líder, el del padre, cuyo calor le faltó. Que el PSOE no confíe en él es una expulsión de la familia. Simbólicamente acaba de matar al padre por segunda vez.
Pero no es ese el tema. Lo importante es que, siguiendo con la lógica anterior, la confianza en los colaboradores se tiene de entrada. Por eso no comprendo la responsabilidad 'in eligendo' ni 'in vigilando'. Ambas figuras me parecen de un puritanismo y un cinismo repugnante. O sea, que, si un colaborador mío es un chorizo, yo tengo responsabilidad en ello y he de dimitir por elegirle. Pues no, perdone. En todo caso yo soy una víctima. Llevado al extremo, sería como culpar a una mujer por haber elegido a un hombre que luego la engañó. O culparla por no haberlo vigilado bien.
Si seguimos así vamos a crear una sociedad invivible, donde nadie sea capaz de colaborar y vivamos permanentemente bajo sospecha. Lo bien visto será no confiar en nadie, por si acaso. Y, lo que es peor, no lo harás por un bien superior sino por lavarte las manos de modo preventivo, que no solo es el mayor egoísmo posible sino, además, el mejor indicador de que nunca debiste liderar nada.
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