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LA SUERTE CONTRARIA

Vivir 'in vigilando'

Si un colaborador mío es un chorizo, yo tengo responsabilidad en ello y he de dimitir por elegirle. Pues no, perdone

La tempestad

Un paseo por la España repleta

José F. Peláez

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La confianza no se gana. En todo caso se pierde. Cuando alguien tiene un colaborador estrecho se sobreentiende que confía en él. Y si no, es mejor no tenerlo, hacerse con un par de revólveres y salir a la calle como 'El Llanero solitario' ... a pegar tiros al aire. Aún recuerdo la cara de mi hija cuando le dije que tenía toda mi confianza, como una batería cargada al 100%. Y que, además, la tenía de entrada, porque sí y a cambio de nada. Solo por ser mi hija. La confianza es una corriente bidireccional y esa es la parte que depende de mí. La que depende de ella es mantenerla. No se trata de conseguir puntos cada mañana para ser digna de mi confianza. Eso ha de ser aterrador, porque siempre estás en duda. Y se trata de lo contrario, de demostrarme que no hay motivos para que yo cambie de actitud. La verdad es que todos tendemos a cumplir las expectativas que se ponen en nosotros. Y esto sirve tanto para lo bueno como para lo malo. Si creces bajo sospecha, creces en libertad condicional. Y entonces interpretas que no te quieren por quién eres sino por lo que haces. Y si te lo ganas.

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