LA SUERTE CONTRARIA
Contra Sánchez vivíamos mejor
Hemos cambiado a la elite que hizo posible la Transición por una masa que pide a Barrabás
Urge mejorar el país (25/6/23)
Contra el verano (23/6/23)
Hay que reconocer lo fácil que ha resultado escribir durante el sanchismo. Nos lo han puesto chupado, la verdad, pero, cuando volvamos la vista atrás, me temo que ninguno podremos estar especialmente orgulloso de estos años, que sí, que han sido un filón literario ... y un cúmulo incesante de ideas y de hallazgos para ahondar en ese tipo de columnismo más cercano al horror 'lovecraftiano' que a las reflexiones irónico-garbanceras tan del gusto de nuestra tradición. Pero qué le vamos a hacer, uno no elige época y nos ha tocado lo que nos ha tocado. Ha sido facilón, sí. Y un poco terrible. Pero, qué quieren que les diga, peor habría sido tener que trabajar. Y, en cualquier caso, del mismo modo que cuando miras muy de cerca una foto acabas por no ver nada, es posible que de tanto mirar a Frankenstein hayamos terminado por no saber enfocar bien la realidad. O, peor aún, por creernos que todo el espacio lo ocupaba el engendro y que no había en España nada más que cicatrices, tuercas y galvanismo.
Y a medida que se degradaba el sanchismo, nos degradábamos intelectualmente nosotros, el antisanchismo, que al final ha resultado una competición por ver quién estaba más en contra y de un modo más visceral, como esas viejecitas que se santiguan y mueven los labios delante del retablo para que nadie dude de que están rezando. Pero el chollo se nos acaba. Se acaba ya esta carrera por ver quién la tiene más larga –la lengua– y me temo que ya no será suficiente con dejar claro que todos somos muy antisanchistas. Va a tocar pensar. Y mojarse. Y eso es otra cosa, claro. Toca construir, que es más difícil que destruir, sobre todo porque no se puede construir sobre la base de un negativo y para saber lo que está mal antes tenemos que saber lo que está bien y por qué. Y me temo que ahora es cuando llegarán los problemas. Porque, quizá, no todos saben lo que está bien. O, peor aún, lo saben. Y es tan terrible que confirmaremos que lo único que teníamos en común era la fobia. Ahora eso ya no es suficiente y toca dejar clara la filia, en qué creemos, qué tipo de sociedad proponemos y qué tipo de pactos podemos asumir. El problema de que la marea baje no es descubrir quién nadaba desnudo. Lo malo es descubrir que quizá estábamos nadando entre tiburones sin saberlo.
El grito de «¡Abajo Sánchez!» estaba bien. Pero, entonces, ¿arriba qué? Los mismos que hoy piden pactos y exigen al PP una rendición incondicional serán los que mañana les echen en cara las consecuencias de los pactos que les exigieron firmar. Hemos cambiado a la elite que hizo posible la Transición por una masa que pide a Barrabás mientras señala con el dedo a esa elite, que abjura de dar la cara y se limita a aplaudir y a pedir un puesto en un Instituto Cervantes fresquito. Pongamos que Helsinki. Empieza lo serio y ahora vamos a ver de qué estamos hechos cada uno. Sostengo, con Ferlosio, que «malo es ser de los nuestros, pero peor es ser de los buenos». Pues imagínense si, encima, resulta que son los mismos.
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